A pesar de que el gobierno, la clase política y una gran mayoría de los medios de comunicación de este país, relatan en sus cuentos que se ha triunfado sobre la organización terrorista ETA y que ésta está ya casi extinta, la realidad no ratifica este triunfalismo.
El miedo a expresar una opinión contraria en muchas de las calles, pueblos y ciudades de la Comunidad Autónoma Vasca y de Navarra, es una realidad; la presión, la intimidación que sufren muchas personas por culpa del entorno etarra es una realidad; los arsenales de armas, que de vez en cuando son aprehendidos por los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, son una realidad; las amenazas de muerte que aún sufren jueces y fiscales por parte de los presos de ETA, son una realidad; los homenajes que presuntamente preparan concejales, alcaldes, parlamentarios e incluso diputados y senadores abertzales, son una realidad. Un largo etcétera de hechos, actos y actitudes que demuestran que ETA y su mundo siguen estando presentes.
Pocos de aquellos, que han sufrido en el pasado los efectos del “tiro en la nuca”, las amenazas, las extorsiones, las presiones y las intimidaciones de esa banda de asesinos, reconocen que ETA ha desaparecido. No entienden cómo los presos de esta banda terrorista obtienen beneficios penitenciarios sólo por el hecho de que ahora nadie muere asesinado. No entienden cómo se ha podido y se puede dialogar con asesinos. No entienden cómo hay muchísimos asesinatos sin resolver y que la fuerza de la ley no cae sobre todo el entorno terrorista.
Un año más, esta situación se ha repetido y se repetirá en el próximo. ¿Hasta cuándo se va a tener que soportar esta situación?.

