

Por fin se aplica la nueva Ley de Tráfico en España, en lo que a velocidad se refiere. Desde el pasado 6 de mayo a goteo vamos siendo partícipes de su aplicación.
Una ley con modificaciones de interés en cuanto a seguridad, pero también en el aumento de la velocidad en autovías y autopistas, algo esperado por otra parte. Pero el fin de la recaudación, sea como sea, no lo ha abandonado tampoco el gobierno del PP.
El límite 130 km/h se aplicará en septiembre, justo después del período vacacional. ¿A caso la velocidad ocasiona más accidentes y es por ello por lo que esperan a la vuelta al curso? Porque no tiene mucho sentido que sea en esta fecha cuando entre en vigor y no lo haya hecho antes, entre mayo y septiembre.
Sea como fuere, es una medida bien recibida por el conductor. Con los coches actuales 120 km/h es un límite muy bajo para ir en autovía o autopista. En ocasiones provoca accidentes, ya que ir a la misma velocidad genera colapsos y aglomeración de vehículos en los que un pequeño descuido puede ser óbice de un accidente o varios en cadena.
Zapatero llegó a reducir a 110 km/h con el fin de ahorrar hidrocarburos. Como «Jaimito» que vendió los zapatos para comprar los cordones. El ahorro es mínimo o nulo (y se demostró) los coches ahora consumen más a esa velocidad que a una superior. Los únicos que encontraron algo de beneficio fueron las empresas de rotulación y, eso sí, la recaudación del gobierno.
El límite de 130 km/h es pequeño, pero algo agilizará el tráfico, la comunicación y el tiempo.
¿Por qué no dejar libertad de velocidad a cambio de unas buenas carreteras, buenos firmes para lluvia, nieve y sol? ¿Por qué no castigar a los que conducen por estas vías a 90 km/h?
Bien recibida la noticia y su aplicación tardía en el tiempo, sin saber porqué.
Directora NI

