Los más de 800 millones, para algunos miles, que se calcula que se han desviado para actividades no licitas en el llamado fraude de los ERES, por el que Andalucía se ha convertido en una especie de cortijo particular para cierto partido político, y por el que están investigados dos presidentes, vicepresidentes, consejeros y varios cientos de altos cargos de esa comunidad, muestra, una vez más, la hipocresía con la que se mueve la clase política de este país.
Se critica por parte de todos, la corrupción de los demás y no se ve la propia, Las palabras de días pasados por parte del PSOE hacía Barberá han sido duras; las palabras del PP hacía el PSOE, por lo anunciado ayer con respecto al caso andaluz de los ERES, resultan también duras. Ciudadanos, el “fiel aliado” de ambos, tiene que hacer auténticos juegos malabares para no caer en falta, para no caer en la tentación de apoyar solo a unos o a otros. Recuérdese, por ejemplo, cómo mientras en Madrid Ciudadanos apoya al PP, en Andalucía mantiene al PSOE.
Mientras tanto, una crisis que parece no terminar. Ya van unos cuantos años desde aquel 15 de septiembre del 2008, cuando la empresa Lehman-Brothers quebraba y hacía saltar por los aires la credibilidad de la economía estadounidense y con ello la del resto del planeta.
Panorama poco halagüeño, por tanto, y con visos de no atisbarse una solución a corto plazo, puesto que los protagonistas, el PP de Rajoy y el PSOE de Sánchez, aún siguen empeñados en mantenerse en un gobierno agotado, incapaz de aportar nada nuevo a los ciudadanos de este país.

