Contemplando la violencia que se está produciendo en las calles de Barcelona, está pasada noche y la de ayer y la de otros muchos días que están por venir si el Estado de Derecho no interviene, deben plantearse varias preguntas:
¿Hasta cuándo va a permitirse? ¿Hasta cuándo el Gobierno de España no va a aceptar que el independentismo usa y ha usado la violencia para conseguir sus fines?
La clase política de este país, salvo honrosas excepciones, hace ver que vive atemorizada, que se ve incapaz de reaccionar ante este problema que, cada día que pasa, se hace más y más grande.
Ya está bien de tomar el pelo. Urge reaccionar ante el independentismo-secesionista-separatista, ante esta violencia. Urge acallarla y eliminarla, cueste lo que cueste.
Los ciudadanos asisten asombrados a la inacción de un gobierno que ve cómo pierde las calles ante los violentos.
Eso sí, reunión con uno y otro partido, cada uno dice una cosa y, ante ello, el presidente en funciones, Pedro Sánchez, añade que hay que actuar con «moderación» y «firmeza» en Cataluña.
Todo sea por un sillón que, al final, eso es lo que quieren los partidos y los que gobiernan, nada más.


