Que el programa de educación afectivo-sexual del Gobierno de Navarra, llamado «Skolae», es un despropósito, no lo duda nadie con dos dedos e frente.
Si ya estaba en el punto de mira por querer sustituir a las familias en el aprendizaje de valores morales tales como la afectividad, por ejemplo, ahora con la censura y la manipulación que quiere llevar a cabo, dicho programa termina de hundir la credibilidad de quien lo ha propuesto.
Pretender imponer un gusto musical determinado, eliminando al resto, para condicionar la afectividad de una persona, no parece muy democrático.
La obsesión que tiene la extrema izquierda de este país por condicionar las formas de pensar, unido al afán nacionalista por adoctrinar, se traduce en programas pretendidamente educativos como el que quiere imponer el Gobierno de Navarra.
Queda a la ciudadanía el recurso de protestar ante semejante esperpento. Protestar y decidir en mayo de 2019.


