El rechazo en el Congreso de los Diputados a la nueva senda de estabilidad presupuestaria propuesta por el Gobierno, por la que se permitía un mayor nivel de gasto a las Comunidades Autónomas a costa de subir los impuestos a la clase media trabajadora, supone un duro varapalo para Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez vuelve, una vez más, y ya van, en pocos días, tres o cuatro veces, a la realidad. Una realidad que sustenta con 84 diputados a un Gobierno que está merced del resto y, que, incluso, aquellos quienes le aúpan en el poder, ahora juegan y se divierten con él.
El Gobierno va a tener que retocar sus previsiones de déficit, y lo que es más importante, para el futuro de sus ciudadanos, unos presupuestos, que van a tener que adaptarse al mandato del Congreso.
Mal panorama, por tanto, para un Gobierno que se las prometía muy felices y se da cuenta ahora de su fragilidad y de que, pese alas enormes concesiones hechas, es un juguete a merced del resto. Pero bueno, un consuelo para Pedro Sánchez y el resto de ministros, están en el poder, y eso, a fin de cuentas, es lo que importa.


