El Parlamento de Navarra acaba de acordar una resolución pidiendo que los presos navarros que se encuentran en diferentes cárceles de España sean traídos a esta tierra para cumplir sus condenas.
Resulta una coincidencia cuan menos sospechosa que el nacionalismo vasco que gobierna Navarra ayudado por sus socios de gobierno, Podemos e Izquierda Unida, vote una resolución de este tipo. El nacionalismo anhela que los presos de ETA cumplan sus condenas en las cárceles del País Vasco, por eso, y de manera coincidente, el parlamento navarro pide que los presos navarros vuelvan a sus cárceles.
El principal partido de la oposición, UPN (Unión del Pueblo Navarro), no debe tenerlas todas consigo cuando acaba de pedir un compromiso por escrito al Gobierno de Rajoy que acredite que no va a modificar la política penitenciaria y, con ello, que no va acercar a los presos etarras. En juego, los votos de UPN para aprobar los presupuestos.
Navarra, hoy más claro que nunca, está siendo moneda de cambio para mantener en el poder a un Gobierno que se encuentra -dicen- «agotado». Si ya en el pasado Rajoy incumplió la promesa de derogación de la Transitoria Cuarta de la Constitución, que permite que Navarra sea anexionada por el País Vasco, no parece que los presos de una banda que se dice que “ha desaparecido”, que se “ha disuelto” sean un escollo para el Gobierno de este país.
La entrega al nacionalismo vasco es un hecho. Lamentablemente, importan más los asientos que las personas. Todo con tal de seguir gobernando. ¿Para qué? ¿Para quién?


