
El voto particular en el juicio contra los integrantes de la denominada “Manada” ha causado tal oleada de protestas, que cientos de personas e innumerables políticos de todos los calibres se han visto obligados a tomar partido.
Hasta el mismo ministro de Justicia de este país, en unas declaraciones que, a juicio de todo tipo de asociaciones judiciales merecían que presentara su dimisión, se ha visto obligado a posicionarse.
Sentencias posteriores, difíciles de entender por los ciudadanos, han ahondado aún más en la crisis que hoy vive el mundo judicial.
Todo lo relacionado con el maltrato físico y psicológico a la mujer, todo lo relacionado con los abusos y violaciones que se cometen contra ella, hoy son “miradas con lupa” por toda la sociedad en la que toca vivir.
La deficiencia clara y manifiesta que demuestran muchas leyes de nuestro Código Penal provocan situaciones que no deberían producirse. No es de recibo que las víctimas tengan que demostrar que son víctimas, mientras que los pretendidos culpables estén a la espera de lo que sucede en un juicio para mostrar su culpabilidad.
Los cientos de expedientes sin resolver acumulados en los juzgados de España, la falta de medios y la presión social existente, no facilita el buen hacer de la Justicia. Se supone que los jueces están, absolutamente, preparados para cumplir su cometido, no obstante, no debería permitirse el ataque y el acoso que sufren. Muchas sentencias pueden quedar mediatizadas por el entorno y la presión que viven los jueces.

