El partido popular ha negado, por activa y por pasiva, la existencia de una ‘caja B’ en su organización. Todos aquellos que lo han afirmado han sufrido un desmentido.
Que en el PP de Madrid algo sucedía, no parece que a nadie le extrañase. Tantos años en el poder, dan para mucho.
Curiosamente, todo gira en torno a las campanas electorales. Si las afirmaciones de Francisco Granados, quien fue una de las » manos» de la todopoderosa Esperanza Aguirre, fueran ciertas, la corrupción alcanzaría de lleno, otra vez, a altos cargos del PP, pasados y presentes (Cristina Cifuentes).
Los afiliados, votantes y ciudadanos, en general, merecen tener partidos políticos limpios. Las dimisiones no deberían esperar, sino producirse ya.


