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EDITORIAL: El debate monotemático, ahora

EDITORIAL: El debate monotemático, ahora

Las elecciones catalanas han convertido el debate político en monotemático. Ya no se habla de la independencia de Cataluña, algo que, en estos momentos, todos parecen reconocer que es inviable, sino que se habla de la Constitución española. Una Constitución que se quiere cambiar y que dicho cambio parece que se cree que va a ser la panacea para solucionar los problemas.

No se quiere reconocer que los problemas vienen por un Estado autonómico concebido como un ente donde el autogobierno es el que más gasta de todos; dónde su administración, cada vez con un mayor número de funcionarios, es la que supone más del 75% del gasto corriente y una autonomía donde,  cada vez,  resulta más difícil solucionar los problemas de sus ciudadanos.

El debate constitucional se ha abierto como si no existieran otros, como si no existieran el paro, la inmigración, el terrorismo, entre otros. El día 22, los problemas seguirán ahí.

Se habla de que la Constitución española ahoga a las regiones que integran la Nación Española. Una de ellas sí que podría decirlo, la Comunidad Foral de Navarra, que desde el mismo momento de la aprobación de la Constitución, allá por el año 1978, puso encima de su cabeza, una autentica espada de Damocles, una espada que no es otra que la Disposición Transitoria Cuarta, por la que condena a esta comunidad a estar siempre pendiente de lo que establezca el gobierno de turno, y si uno de ellos quisiera, meterla en otra comunidad limítrofe, la Comunidad Autónoma Vasca.

Se ha pedido muchas veces su derogación. Nunca los gobiernos centrales lo han aceptado e incluso, alguno de ellos, mintiendo. ¿Cuántas veces, el presidente del gobierno Rajoy, vino a Navarra a decir que iba a derogar dicha Disposición? Unas cuantas. Teniendo mayoría absoluta no lo hizo.  Y los anteriores tampoco y UPN-PP, tampoco.

En suma, un debate constitucional estéril, que quiere enmascarar, que quiere esconder los verdaderos problemas de los ciudadanos, qué asisten cuál convidados de piedra al juego de sus políticos, para luego eso sí, pagar los platos rotos y  los bestiales impuestos.

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