El domingo 26 de noviembre asistí al homenaje a Joaquín Imaz, hacía 40 años desde que ETA y sus asesinos decidieron quitarle la vida.
Yo no vivía cuando sucedió, ni cuando ETA decidió asesinar a la inmensa mayoría de sus víctimas, pero eso no significa que no sepa qué es lo que paso, y que luche día a día, como joven, por la memoria de los que ya no están.
Tengo 21 años, y parece que para la masa social de mi generación, esto no va con ellos, y es una pena porque la memoria histórica de la que tanto se le llena la boca a mucha gente, no es otra cosa que contar la historia como pasó, y en este caso hay que contarlo con sinceridad, autocrítica y nunca con otro fin que no sea la búsqueda de la verdad.
Hay numerosos libros sobre estas historias, el más actual y más vendido es “Patria” de Fernando Aramburu, pero hay uno que se llama “Agujeros del Sistema” de Juanfer F Calderín que habla de los más de 300 casos de ETA sin resolver.
¿Cómo puede explicarse la pasividad de la juventud ante esto?, pues no se puede explicar. No vivimos los años de plomo, y si lo hicimos, no los recordamos. Yo no recuerdo aquella manifestación pidiendo la libertad de Miguel Ángel Blanco, aunque sé que mis padres me llevaron en silleta.
Es una extraña sensibilidad, la que hace que luchemos por el presente pero por miedo, dejadez o simplemente porque creen que no se es “guay”, algunos se olvidan de defender la verdad del relato en el pasado.
Somos los jóvenes los que tenemos que contar lo que pasó, los que tenemos que contar que hoy somos un poco más libres porque hubo gente que murió asesinada por nuestra libertad de opinión y por la hoy banalizada libertad de expresión.
Jóvenes y no jóvenes, recordad que hay que luchar por la memoria, la dignidad y la justicia de quienes murieron asesinados por defender nuestra libertad.
Julen Sesma, locutor de Radio, redactor en NI y apasionado de la política
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