
Los epítetos descalificantes que ayer lanzaba el expresidente de Cataluña, Puigdemont, hacía la Unión Europea lo alineaban con el euroescepticismo, corriente que, a día de hoy, tiene cada vez más seguidores en las tierras de la Vieja Europa.
Lo que no está tan claro es que a sus seguidores les haya gustado oír lo que ha dicho Puigdemont. Hay que recordar que el expresidente catalán procede de las filas de Convergencia y Unió, partido tradicionalmente alineado con la democracia cristiana europea, caracterizada ésta por su espíritu europeísta.
Puigddemont necesita convertirse en el adalid del nacionalismo catalán, puesto disputado hoy por Esquerra Republicana de Cataluña, que según las últimas encuestas seguiría encabezando el puesto de partido más votado en las elecciones del 21-D. Necesita que la gente se fije en él para que su aventura belga le salga rentable.
Si para ello hay que convertirse en un euroescéptico, pues adelante. Los partidos políticos hoy en día tienen que reconvertirse para que sus electores se mantengan fieles. Si no, corren el riesgo de desaparecer y eso para un político es su sentencia de muerte.
El próximo día 21 de diciembre muchas de las caras que hoy identifican a una opción política determinada, caerán víctimas de sus propios errores y de sus electores. Esto lo saben, quienes, hoy, parece encabezan una opción política. Hay que autoinventarse o morir. Y esto parece saberlo muy bien el señor Puigdemont..

