Una monarquía parlamentaria, tradicionalmente, ha sido considerada como una institución con un poder muy limitado y que navega al son de lo que le marca un gobierno democráticamente elegido.
La monarquía parlamentaria española siempre se ha caracterizado por ello; pero he aquí que el discurso de Felipe VI de esta noche pasada ha demostrado que el Rey de España no quiere hacer de su gobierno, uno más de los mediocres reinados que hemos tenido/sufrido en este país.
El Rey ha marcado claramente el camino a seguir y se lo ha dejado bien claro a Rajoy y al resto de líderes de los partidos políticos españoles, “es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones”.
Ni un minuto más Rajoy debería consentir la algarada del independentismo catalán; ni un minuto más Rajoy debería permitir el acoso a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado; ni un minuto más Rajoy debería pensar en establecer un dialogo con los que no lo quieren.
El Rey, además, ha reafirmado su compromiso “con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España”.
La Constitución lo establece bien claro en su artículo 155, “»Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general “.
Basta ver lo sucedido estos últimos meses y, sobre todo, estos últimos días, para darse cuenta de que se ha violado la norma que permite su aplicación, el gobierno catalán ha actuado” de forma que atenta gravemente al interés general de España”. No debería quedar duda alguna y el Rey lo ha dejado bien claro. Rajoy sabe, por tanto, qué tiene que hacer, otra cosa es que, cual complejo de avestruz, no lo haga.

Es totalmente necesario. Debe dejar las cosas claras y no andarse con medias tintas. Lo que está haciendo Puigdemont y su gobierno de la Generalidad es delito de rebelión y las consecuencias ya las estamos sufriendo. O vuelven inmediatamente a la legalidad o se les tiene que detener, sin más demora, y juzgar por el delito de rebelión contra el Estado.