Hace unos días, el presidente Rajoy, hablaba respecto del proceso independentista catalán, apelando a la movilización ciudadana para impedir dicho proceso. Ayer el independentista Puigdemont, apelaba, también, a la ciudadanía para que continuaran el proceso si ellos eran inhabilitados por las leyes.
Resulta, cuan menos, curioso que dos posturas enfrentadas recurran al mismo hecho para defender sus posturas. Responsabilizar al ciudadano de actos que ellos mismos son incapaces de llevar a cabo es vergonzoso.
Unos por no haber sido capaces de aplicar las leyes con rotundidad (artículo 155 de la Constitución), y otros por ponerse sistemáticamente fuera de la ley.
Dividir, incitar a la población a ponerse en uno de los dos bandos pudiera resultar muy peligroso para la convivencia y este país lo sabe muy bien.
De irresponsables pueden calificarse ambas actitudes. Es sabido que el juego de la política genera monstruos. Los ciudadanos no deben ser los pagaderos de tamaños dislates.


