El escritor Eduardo Mendoza, autor de “La ciudad de los prodigios” recibía ayer, de manos del rey Felipe VI, el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras españolas. En su discurso de aceptación del premio, el autor hablaba de que vivíamos unos “tiempos confusos e inciertos”, y efectivamente, así parece que sucede.
Basta mirar algunas de las noticias de ayer para demostrarlo: atentado terrorista en París, corrupción en mayúsculas en este país, represión antidemocrática en Venezuela; en suma, un suma y sigue de circunstancias anómalas que demuestran la confusión e incertidumbre en la que este mundo se mueve.
Curiosamente, el escritor no aplicaba dichos términos a la economía y a la política, aduciendo que ambas siempre están así, confusas e inciertas. Y es que no hay más que analizarlas para comprobar lo cierto de dichas afirmaciones: ayer, sin buscar mucho, veíamos la confusión de la que, hasta hace pocos años, era “el santo y seña” del Partido Popular de España. Esperanza Aguirre se sumía en una profunda tristeza al comprobar cómo uno de los que, en su día, fue su “hombre de confianza”, el expresidente de la comunidad madrileña, Ignacio González, era detenido y acusado de un buen número de delitos.
Análisis, por tanto, certero del premio Cervantes que deja entrever que la situación en este país y, por ende, del mudo actual no es la panacea de la que a veces se cuenta. Un cambio de actitudes, de valores parece que pudiera ser la solución y que parece que nadie está dispuesto a realizar.
Confuso e incierto futuro el que nos espera.


Qué rapidez, pero al clan Pujol ni por asomo los veremos detenidos!!!