
El arzobispo de la diócesis de Pamplona y Tudela, D. Francisco, advertía ayer del materialismo que impera en esta sociedad. Alertaba de que la posesión de cosas materiales no ayuda a vivir una vida plena y que, a la larga, lo que se crea es una profunda desesperación.
Es de esperar que estas sabias palabras no provoquen en las mentes maledicéntes y malpensantes, críticas y que por una vez las declaraciones de un miembro de la iglesia católica sean consideradas una buena aportación a la sociedad.
Los ataques que últimamente viene sufriendo la Iglesia católica son contrarios a la llamada Ley de la Libertad Religiosa imperante en este país. No se entiende que, mientras que otras religiones son respetadas, una de ellas, por cierto, la ampliamente más mayoritaria, la católica, es constantemente atacada ya sea por partidos políticos, medios de comunicación o asociaciones varias.
El gobierno, de acuerdo con la ley de libertad religiosa, es el garante del respeto que se debe tener a la religión, más mayoritaria de este país, la católica. La inacción que se observa en este gobierno, más preocupado por mantener su puesto que en otros temas, ayuda a los ataques que se sufren de todo tipo.
La clase política debe obligar al gobierno a ello; cualquier otra postura rompería el objetivo que se presupone en una ley, la de libertad religiosa de un estado considerado democrático.

