
El Rey Felipe VI en su tradicional discurso navideño, hablaba de la obtención, por parte de la clase política, de consensos mínimos para sacar adelante aquellos temas que mayor importancia tienen para la ciudadania.
Cuando el Jefe del Estado de un país tiene que llamar al orden a su clase política, es señal que se están haciendo las cosas rematadamente mal. Ningún político de este país tiene que sentirse satisfecho.
Los españoles tienen la percepción de que su clase política solo busca la manera de perpetuarse en el poder, olvidándose de sus problemas. Tienen la percepción de que el «rifirrafe» que mantienen el gobierno y la oposición es un juego para hacer «el paripé» de que hay tensión, de que hay diferentes maneras de entender el bienestar de los ciudadanos, cuando lo que verdaderamente hacen es seguir ocupando un sillón que les permita vivir de la politica.
Felipe VI, poniéndose en la piel de cualquier ciudadano es consciente de la situación. Como tiene la oportunidad, que otros no tienen, y va ser visto en televisión, “pone las cartas encima de la mesa” y de ahí su petición para que se busquen, por lo menos, consensos mínimo.
Felipe VI, como máxima representación de este país, llamado España, ha apelado a su unidad. Una unidad que debe mantenerse ante los intentos de socavarla y que, para ello, están las leyes y lo están para cumplirse.
Loable intento de convencer a aquellos que mantienen su «hoja de ruta», sin importarles y despreciando al Estado de derecho.
También Felipe VI ha apelado a olvidar agravios pasados y a no desenterrar sucesos de antaño, que solo hacen dividir y tensionar a la sociedad. Seguramente leyes como las de la Memoria Histórica no ayudan a conseguir este prpóosito.
Las reacciones de la clase política no se han hecho esperar. Los nacionalismos, por ejemplo, hablando de lo que ellos piensan que hace el Rey, la negación de la diversidad existente; Podemos en la misma linea; el partido socialista hablando de un discurso más social y menos político y Ciudadanos y el PP, en un tono conciliador.
En suma, un discurso con el que Felipe VI quiere acercar su figura a la ciudadanía y “dar un toque de atención” a su clase política

