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EDITORIAL: Diálogo con Cataluña

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha inaugurado este miércoles la nueva etapa de «diálogo» que anunció que abriría en Cataluña, reuniéndose con la líder de Ciudadanos en el Parlamento catalán, Inés Arrimadas, y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, que han constatado un «cambio de actitud».

Cuando el pasado 21 de noviembre presidió el acto de toma de posesión de Enric Millo como nuevo delegado del Gobierno en Cataluña, Sáenz de Santamaría anunció que haría bandera del «diálogo» dentro del «marco constitucional» y que su «filosofía» sería la «lealtad institucional».

Pues bien, mientras la vicepresidenta del Gobierno llevaba a cabo las reuniones en Barcelona, éstas eran las noticias que traía la prensa: «La Asociación de Municipios por la Independencia envía un díptico a 400 ayuntamientos de todo el mundo para explicarles el proceso independentista catalán», «La CUP desafía al juez por la quema de fotos del Rey», «El Diplocat hará de ‘observador internacional’ en las próximas elecciones legislativas de Macedonia», «Puigdemont convoca para el 23 de diciembre la cumbre sobre el referéndum que exigía la CUP».

Parece que el Gobierno de la nación no se ha enterado de que con los separatistas no hay razonamiento ni conversación ni intención de diálogo porque lo quieren todo y lo quieren ya.

El problema nacionalista en España se acabará el día que el PSOE así lo quiera, ya que junto al PP y a Ciudadanos suman la inmensa mayoría del Congreso y el Senado.  Lamentablemente el PSOE tiene una pulsión nacionalista en el País Vasco, en Cataluña, en Galicia, en Valencia y en Baleares, y eso imposibilita cualquier posibilidad de solución a corto y medio plazo.

Sea como fuere, la actitud inane que ha mostrado hasta ahora el Gobierno de España para encarar el desafío separatista en Cataluña no supone ninguna novedad. Lo que sí es novedoso, es que la líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, se congratule por el «cambio de discurso» y exija «medidas concretas» tras la última visita de Soraya Sáenz de Santamaría. Eso sin olvidar sus  recientes declaraciones  admitiendo que emitiría su voto en una consulta legal y con validez.

Es lamentable que un partido, en suma, que se fundó para combatir el nacionalismo en Cataluña, pueda convertirse por la tibieza de su líder para frenar a los independentistas, en el intermediario del permanente chantaje nacionalista.

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