
La estrategia del PSOE, una vez eliminado su Secretario General, sorprende por su indefinición. Ahora, por lo visto, hay que decidir si se apoya a Rajoy mediante la abstención en una futura sesión de investidura, cosa que hasta el esperpento de Comité Federal de este pasado sábado, parece que era lo que querían Susana Díaz y compañía, o se va a unas terceras elecciones. ¡Increible!, para qué tanta excusa y tanto jaleo entonces. El Perro del Hortelano, en la que el perro ni come ni deja comer.
Pedro Sánchez y su equipo, si existiera el honor en la política, hubieran tenido que dimitir -eso esta claro- hace meses, semanas o días ante los malos resultados cosechados por el partido al que dirigían. No fue así, y en una clara huida hacia adelante, confiaban en poder pactar con todos para ir contra Rajoy y, quien sabe, si en un ejercicio de ingeniería política llegar al poder.
La herencia de Pedro Sánchez y de su anterior jefe Zapatero, es un PSOE destrozado y dividido, sin ideología, salvo la de ir contra el famoso “doberman” acuñado por el felipísmo. No parece que haya otra cosa más que esta. Un partido que se supone que defiende a los trabajadores y nacido para ello, hoy se haya hundido en las miserias de ese invento llamado socialdemocracia que busca cómo mantenerse en el poder, cueste lo que cueste. No extraña, no obstante, esta actitud. En el llamado polo opuesto, “el Rajoyismo”, también se quiere perpetuarse en el poder. Más de dos años sin congreso nacional y el mismo candidato. No importan los déficits de la economía, no importan las subidas de impuestos, no importa la crisis que tiene a España, sumida en la amargura desde hace 9 años. Solo importa….bueno ya se sabe lo que les importa.
