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EDITORIAL: FARColombia

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Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) nacieron a mediados del siglo pasado para derrocar el régimen político establecido e instaurar la tan cacareada dictadura del proletariado comunista. Eran uno más de los movimientos guerrilleros que por toda la geografía americana habían ido surgiendo como consecuencia de la acción y apoyo del enviado por Fidel Castro, Ernesto “Che Guevara”, tras el triunfo de la revolución cubana. 

Cuando el comunismo y Fidel Castro “desaparecieron del Mapa”, el único movimiento guerrillero que se mantenía era el de las F.A.R.C. Había conseguido adaptarse al “signo de los tiempos” y se había convertido en un entramado económico, cuya fuente de ingresos principal era la droga. Enormes plantaciones de Coca se extendían por una parte importante del territorio colombiano. 

Tras años de guerra armada entre gobierno y guerrilla, -más de 50-, el actual presidente de Colombia, señor Santos, acaba de firmar el acuerdo por el que las F.A.R.C. , abandonan la lucha armada y se transforman en un partido político. 

En aras de “la Paz” se han apartado las reivindicaciones de las victimas y el Estado ha hecho enormes concesiones al movimiento guerrillero, hasta el punto, de que incluso, ya no van a ser, por ejemplo, fumigadas con veneno las plantaciones de coca por parte del gobierno, o el hecho de que los guerrilleros obtienen perpetua representación parlamentaria en las Cortes Colombianas, independientemente del apoyo popular que en un futuro puedan obtener. 

El acuerdo ha sido denunciado por presidentes de Colombia anteriores al señor Santos, como, por ejemplo, el señor Uribe, al considerar que el Estado se ha plegado a las exigencias de la guerrilla, hasta el punto de que se empieza a llamar a este país ya como un narco-estado-colombiano, al ver la impunidad con la que van a funcionar, a partir de ahora, estas mafias de la droga. 

Resulta curioso, por otro lado, ver como la comunidad internacional apoya este proceso. Basta ver como una buena cantidad de dirigentes políticos, entre los que se va a encontrar nuestro rey emérito Juan Carlos I y el ministro en funciones José Manuel García-Margallo, están asistiendo a la firma de este acuerdo. 

Comportamiento poco ejemplar el de los lideres políticos, al comprobarse cómo a cambio de una firma de un tratado de paz, son capaces de claudicar a las exigencias de los terroristas, en este caso, colombianos. Si en España esto, en cierto modo, ha sucedido ya, con la ETA (con una diferencia: sin disolución de la organización terrorista ni entrega de armas y ya está en las instituciones), poco se puede opinar, salvo mostrar la contrariedad y aversión por lo acontecido. 

Negro futuro le espera a Colombia, si se abre de manos al narcotrafico y entrega el país a las F.A.R.C. Mientras tanto, el mundo aplaudiendo lo sucedido.

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