
La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), convocada por la Iglesia Católica y que se está celebrando estos días en Cracovia (Polonia), es una buena muestra de que todavía hay un buen numero de jóvenes que no se resignan a ser lo que algunos de sus mayores les dicen: la generación NINI ( Ni estudian, Ni trabajan ).
Las palabras del Papa Francisco ayer, en su primer día en Cracovia, los describía muy bien, al hacer referencia a la esperanza y al espíritu que el Papa veía en estos jóvenes.
La parálisis moral, la parálisis política, que sufre esta Vieja Europa no es el ejemplo que anima a estos jóvenes.
Sin embargo, el esfuerzo, la superación, la inquietud por cambiar las cosas, son rasgos que los identifican.
Los políticos, de este país especialmente y también los de otros, tan preocupados por mantener su puesto -aquí en España el bloqueo institucional fruto de su ansía por el poder, es un hecho-, tienen un ejemplo a seguir.
La educación y la cultura, como base de una sociedad, son axiomas que la clase política no quiere conocer y que estos jóvenes tan alabados por el Papa, muestran con su actitud. Ellos son el camino a seguir. La tan esperada regeneración empieza por ellos, no por estructuras políticas y líderes políticos ya caducos.
