La petición de un acuerdo, aunque sea de mínimos, para alcanzar el gobierno de España por parte del actual presidente del gobierno, señor Rajoy, ofrecido a las fuerzas políticas parece entrever dos cosas, o bien que las posibilidades de alcanzar el gobierno para el PP estarían a día de hoy muy negras, o bien que el presidente Rajoy, no quiere ser quien rompa las negociaciones, como pudo verse hace unos meses al no querer presentarse a la investidura.
Los acuerdos de mínimos no pueden soslayar temas tan importantes como el freno a las ansias independentistas de algunos o, por ejemplo, también, el control del gasto, provocado fundamentalmente por el gasto autonómico.
Un acuerdo de mínimos «malo» si llevaría a formar gobierno. ¿Pero qué gobierno sería? Un gobierno hipotecado y supeditado a aquellas fuerzas políticas que buscan su provecho particular- independencia, por ejemplo- y desprecian el provecho colectivo de este país.
Aunque suene mal decirlo, es mejor un gobierno en funciones que un mal gobierno de mínimos. Porque lo que se juega no es el presente inmediato, lo que por lo visto solo quieren algunos, sino el futuro a medio y a largo plazo.
