La anunciada salida de las tropas rusas del conflicto sirio marcará un antes y un después en este conflicto, que empezó como una protesta contra el presidente Al-Ashad para continuar con una guerra civil y, hoy, es un conflicto internacional, al intervenir en él, los terroristas de Estado Islámico, y obligar, por tanto, a la intervención armada de Francia, Rusia e Irán.
El presidente ruso Putin, ha ordenado la retirada de sus tropas, al constatar que el alto el fuego es una realidad, que los terroristas han perdido posiciones y que su máximo protegido, Al-Ashad, de momento no corre peligro. Hace unos meses todo parecía perdido para el presidente sirio. Los atentados de París, marcaron un punto de inflexión en el conflicto. Al igual, que la avalancha de refugiados hacía Europa, que aún continua.
Es ahora Europa quien se encuentra con un grave problema, al constatar que el número de refugiados crece sin cesar y que los países europeos, ya no están tan dispuestos, a acoger a esta autentica “marea humana”. Sin vislumbrar en un futuro inmediato una solución a este problema, Europa se encuentra ante un desafió superior incluso al provocado en la época de la II Guerra Mundial.
Las soluciones deberían pasar por un rápido fin del conflicto sirio y por la vuelta de los refugiados a sus lugares de origen. Siria se encuentra destruida tanto económica como demográficamente. Va a necesitar del trabajo de todos sus habitantes y de la ayuda exterior, que pudiera producirse si la situación volviera a la normalidad.
En Europa el enorme problema de acogida de los refugiados, está generando tensiones, incluso hasta electorales, como se ha podido ver en Alemania estos últimos días. El auge de la idea de rechazo a los refugiados está calando hondo en la mentalidad de los europeos. La solución pasa por eliminar el conflicto que la genera y por unas políticas migratorias más acordes a la demanda existente. Todo lo que no sea buscar soluciones eficaces pudiera generar conflictos insospechados y de consecuencias imprevisibles.

