
La tan querida Diputación Foral para todos los navarros de «pro», hoy estaría en tela de juicio, si el acuerdo programático de PSOE y Ciudadanos pudiera prosperar.
Dicha Diputación nacería tras la derrota del carlismo en «la primera guerra carlista», tan perjudicial para los intereses navarros. A saber, el acuerdo entre gobierno central y navarro, en la llamada Ley paccionada de 1841, transformaría la estructura política del que hasta entonces era Reino, en una estructura provincial en la que el gobierno se llamaría Diputación.
Con la España de las autonomías, al ser Navarra una comunidad y al mismo tiempo una provincia, las estructuras se solapan y el Gobierno navarro actua a su vez como Diputación, por lo que esta comunidad hoy no se vería afectada.
De todas formas, si se pretende eliminar las Diputaciones, aduciendo a su elevado gasto, y no las Conunidades Autónomas, autentico «cáncer» del gasto corriente de este país, como así han defendido y defienden otras opciones políticas ¿no sería mejor, mantener las Diputaciones, y transformarlas en los auténticos gobiernos, en detrimento de los autonómicos, muchas veces más preocupados del llamado «postureo» y, en algunos casos del enriquecimiento personal, más que de los intereses reales de sus ciudadanos?
Las soluciones a los problemas no pasan por quitar unos organismos para poner otros, llámense Consejo de Alcaldes o lo que sea. Las soluciones pasan por gestionar bien los recursos de los ciudadanos.

