
El debate a cuatro partidos, celebrado esta pasada noche, quedó resumido en un cruce de acusaciones entre los presentes e incluso hacia el gran ausente Rajoy. Los españoles, sinceramente, esperaban medidas, incluso promesas, y se quedaron viendo, una y otra vez, ataques entre unos y otros.
Lo que no quedó nada claro es quien podrá ser el próximo presidente del gobierno. Si el PP no alcanza el ya famoso umbral de los 130 diputados, muy por debajo de lo que tiene hoy, y el PSOE no se derrumba, pudiera entreverse, así se vio, una posible alianza Sánchez-Rivera e incluso con Iglesias, pero si los alcanzara, parecería claro un pacto de investidura Rajoy- Rivera y posterior gobierno en minoría del PP.
El peor parado, no obstante, parece salió el líder del PSOE. Por momentos, el resto contra él, hasta llegar a un cierto menosprecio en ocasiones. El, nervioso, mirando notas, con malas explicaciones y lastrado por el pasado de su partido, no dio imagen de gran estadista. La vicepresidenta en plan autómata, diciendo lo que le habían dicho que dijera y, Rivera e Iglesias, pero sobre todo el primero, siendo incisivos en sus argumentos.
En suma, «mucho ruido y pocas nueces». Un debate a imitación de los estadounidenses pero sin grandes promesas y que en momentos pareció en exceso preparado, aunque no quisiera dar esa impresión.

