Las declaraciones del presidente de EEUU, Barack Obama, y las que hace unos días, llevó a cabo su secretario de Estado, John Kerry, demuestran que la administración norteamericana empieza a «tomarse en serio» la destrucción del Estado Islámico en sus bastiones de Oriente Medio, sobre todo en Siria.
Los que en tiempos fueron «aliados», puesto que de todos es conocido el aporte y la financiación que EEUU a nivel armamentístico hizo a lo que hoy es EI, en los comienzos de la guerra civil siria, hoy se configuran como enemigos, dado el aumento potencial del riesgo de atentados a nivel mundial, el apoyo al Irán chiíta -los EI son sunitas- y, sobre todo, la presencia rusa en la guerra siria. La intervención francesa también sería un acicate para el cambio de opinión de Obama.
Bienvenidas serían la adopción de medidas tendentes a eliminar a los terroristas de una vez por todas. Como decía François Hollande, ya no estamos en el tiempo de las palabras, sino en el de los hechos. La comunidad internacional debería ser consciente de ello.
