
A veces las lecciones que dan los que son considerados subdesarrollados, deberían «sentar cátedra». Vemos estos días, como en Guatemala, uno de los países más pobres de Centroamérica, se ha metido en prisión al ya expresidente de dicho país por estar imputado por corrupción.
Aún no ha sido declarado culpable y, sin embargo, ha dimitido y ha ido a la cárcel.
Sorprende dicha actuación en un país, al que más de un dirigente europeo, «mira por encima del hombro», cuando aquí, en España, adalid -nos dicen- del crecimiento económico, a los políticos imputados por casos de corrupción, se les hace senadores, se les mantiene en listas electorales e incluso, algunos, siguen siendo altos cargos, de los de libre designación, es decir, de los de » a dedo».
La cultura de la picaresca, de la artimaña, de la influencia, de la subvención, parece innata en este país, donde se premia al «sinvergüenza» y se castiga al honrado.
Si no cambia esta manera de entender la vida, se estará abocado al «desastre» social y moral de un mundo, donde los valores cada vez son menores y donde prima el individualismo y el materialismo.

