
La clase política de este país sigue viviendo en los «mundos de yuppie». Sigue ajena a los verdaderos problemas que atenazan a sus ciudadanos. Se enzarza en discusiones que no llevan a ningún sitio. Tal es el caso de los políticos navarros empeñados en elegir a una figura constitucional, como el «senador autonómico».
El senado es una de las dos cámaras, junto con el Congreso de los diputados, que configuran las llamadas Cortés españolas, donde reside el poder legislativo de este país.
El Senado se define como la Cámara de representación territorial española. Sus mienbros, los senadores, son elegidos cada cuatro años. Su función es la de defender los intereses de la región por la que han sido elegidos. Sin embargo, en una gran cantidad de casos, el Senado acaba siendo un «retiro dorado» para aquellos que han perdido su condición de número uno en su partido y su región.
Los casos de la alcaldesa de Valencia y de los expresidentes de comunidades como la valenciana o balear, todos del PP, son sus últimas muestras.
También existe otro tipo de senador, que es el que nos ocupa hoy, el autonómico. Su función de nuevo es representar los intereses de su región. Se aprecia, por tanto, una duplicidad de funciones, puesto que ya existen senadores representando a su región.
La recien autopresentada para presidir UPN, Amelia Salanueva, es uno de los senadores navarros.
En suma, el Parlamento, la mesa del parlamento y los partidos políticos navarros andan «discutiendo» estos días ya no quien es el afortunado, sino que tienen que tener más tiempo para elegirlo.
Desde este editorial, nos preguntamos, ¿los navarros nos merecemos esto?. Creemos que no. Todo el mundo quiere políticos que solucionen sus problemas, que no pierdan el tiempo en discusiones «inútiles» y que dejen de gastar nuestro dinero y nuestro tiempo. La situación así lo requiere.

