
Carteles colgados de las farolas. Con candidatos irreconocibles. La imagen, solo la imagen, es lo que vale su precio en oro. Con Valenciano lo han conseguido. Está photoshopeadamente mejor. Pero a Cañete…. ni se le ve. El candidato, que según Rajoy esperó a nombrar «porque lo mejor es al final», en la campaña queda escondido y difuminado en el azul del PP. Los dos candidatos, como digo, irreconocibles, pero el del PP no se sabe si lo esconden a él o esconden al PP.
Fuera como fuere, ayer tocó el debate, que de debate… nada de nada. Está acordado en temas, turnos, contenido, interrupciones… Candidatos y moderadora cumplían a pies juntillas lo acordado, sin salir de su papel y sin hablar de corrupción. En fin, una tomadura de pelo, que si bien no da votos, sí puede restar.
Pero como de análisis se trata, sí me remitiré a la finalidad del debate electoral. No ganó ninguno. Si nos referimos a la capacidad del político y su devaneo por los temas, al manejo de la situación, a la utilización de los datos, a unir criterios demagogos, a quedar bien en TV…. Ganarón los dos porque los dos pretendían éso, peroValenciano pasó y superó a Cañete por la izquierda y por la derecha.
El candidato del PP aturdido por los datos y la lectura de lo que tenía que decir. Valenciano utilizando la imagen y la demagogia hasta el punto de que los papeles de ambos se cambiaron desde el minuto uno. Cañete quedó relegado a la defensiva ¿también acordada? y Valenciano al ataque de quien gobierna en España.
Si la finalidad es movilizar el voto, la verdad es que se consiguió todo lo contrario. Lo único que tenían bien estudiado era preservar su democracia.
Lejos de lo que indica Pons por activa, por pasiva y por perifrástica, el voto está cada vez más y más cerca de quedarse en la abstención.
Directora Navarrainformacion.es


