
La dimisión de la presidenta del PP vasco, Arancha Quiroga, junto con las declaraciones del ministro de economía, señor Montoro, aludiendo a que en el PP hay personas que no creen en el PP, vuelven a abrir una nueva brecha en la linea de flotación que este partido intenta mantener indemne, para evitar hundirse en el océano de las elecciones del 20D.
El PP no para de recibir sustos internos, que parece están aumentando el caos y el desconcierto en el que este partido vive últimamente.
No extraña que los votantes tradicionales estén dando la espalda a un PP por sentirse traicionados. Al entender de algunos, el PP está sumido en aquel PPpop vasco que era más un «baile de moda en los 40», como decía la canción, que un defensor de los valores identitarios de la marca.
Que haya habido una dimisión por haberse rechazado por parte del PP, una ponencia en la que se queria hacer participar a Bildu, no parece que sea una excusa suficiente. Malos tiempos deben correr en el PP vasco, para que haya sucedido esto. Solo el señor Urquijo, delegado del gobierno, permanece de tiempos pasados.
El oficio de difuntos parece ya haber tocado para el PP, en el Pais vasco, Cataluña y, aqui, en Navarra.

