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Ropa de trabajo para el invierno en Navarra: capas, lluvia y alta visibilidad

Entre noviembre y marzo, quienes trabajan al aire libre en Navarra se enfrentan a tres condiciones para las que la ropa de verano no sirve: frío a primera hora, lluvia o niebla según la zona y muy pocas horas de luz al final de la jornada. Según la zona, predomina la humedad del norte, el cierzo de la Ribera o las heladas de los valles pirenaicos.

Albañiles en una obra de Pamplona, cuadrillas de poda en los viñedos de la Ribera, operarios de carga en los muelles de los polígonos o personal de mantenimiento de carreteras comparten esa misma necesidad de abrigo. La obligación de equiparlos recae en la empresa: la Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales, exige al empresario proporcionar equipos de protección adecuados cuando el riesgo no puede evitarse por otros medios, y el frío figura entre los riesgos que la evaluación de cada puesto debe tener en cuenta.

Tres capas, cada una con su función

El sistema más extendido para protegerse del frío en el trabajo es el de capas. La primera, pegada a la piel, evacua el sudor. La segunda aísla, porque retiene aire. La tercera frena el viento y el agua. Ese orden tiene una razón física. El aire inmóvil aísla, mientras que el agua conduce el calor mucho mejor, de modo que una prenda empapada, sea por la lluvia o por el sudor, pierde buena parte de su capacidad de abrigo.

En una obra en enero, el problema aparece a menudo a media mañana. El operario que llegó muy abrigado suda al descargar el primer palé y pasa el resto de la jornada con la ropa húmeda.

Con varias capas, se quita o se añade una prenda según el esfuerzo y la hora.

Vestuario de trabajo, calzado y guantes forman un mismo sistema frente al frío, y conviene elegirlos a la vez. En la gama de Delta Plus, por ejemplo, las chaquetas se presentan como protección contra el frío, la lluvia o el viento, y el catálogo puede filtrarse por sector, de la construcción a la agricultura o el almacenamiento. Una chaqueta impermeable rinde de verdad cuando las botas llevan membrana y los guantes permiten manejar la herramienta sin quitárselos.

Qué dicen las normas sobre la ropa contra el frío

Las prendas de protección contra el frío se certifican con normas europeas distintas según la temperatura de trabajo. La EN 14058 se aplica a las prendas para ambientes frescos, hasta unos cinco grados bajo cero, y la EN 342 a los conjuntos y prendas pensados para temperaturas inferiores. Esta segunda exige valores de aislamiento más altos, medidos con un maniquí térmico en movimiento, y un ensayo de permeabilidad al aire. Su versión vigente está ratificada en España como UNE-EN 342:2017.

En la cuenca de Pamplona o en la Ribera, muchos de los trabajos al aire libre corresponden al primer caso. La segunda norma cobra sentido en las jornadas de nieve en el Pirineo y en las cámaras frigoríficas de la industria agroalimentaria, donde el frío no depende del parte meteorológico.

Hay un detalle que conviene comprobar en la etiqueta. En las dos normas, la resistencia a la penetración del agua es un requisito opcional, por lo que una prenda certificada contra el frío no tiene por qué ser impermeable. Para trabajar bajo la lluvia, esa prestación debe figurar de forma expresa, con su nivel, en la etiqueta o en el folleto informativo que acompaña a la prenda. Las costuras termoselladas y una capa exterior impermeable completan el conjunto cuando se trabaja la jornada entera bajo la lluvia, como ocurre durante las semanas de lluvia persistente en la zona norte. Para el resto de situaciones, una prenda transpirable resulta más cómoda, porque deja salir el vapor del sudor en lugar de acumularlo dentro.

Menos horas de luz, más visibilidad

En pleno invierno anochece antes de que termine la jornada de tarde en muchas obras y explotaciones, y en la Ribera las nieblas reducen a veces la visibilidad también por la mañana. La ropa de alta visibilidad, certificada con la norma EN ISO 20471, combina un material fluorescente, que destaca de día, con bandas retrorreflectantes, que devuelven la luz de los faros de noche. La norma distingue tres clases según la superficie de esos materiales, y la clase 3 es la más exigente.

En invierno surge un problema práctico: un chaleco de alta visibilidad colocado debajo de una chaqueta oscura no cumple su función. Las parkas y chaquetas de abrigo certificadas en alta visibilidad evitan esa superposición, igual que los pantalones con bandas para quien trabaja junto a una carretera o en un muelle de carga. Conviene revisar también el número máximo de lavados que indica la etiqueta, porque las bandas pierden eficacia con el uso y el lavado repetido.

El frío entra primero por las extremidades

Las manos son las primeras en notarlo. Un guante de invierno debe abrigar sin restar la destreza que exige la tarea.

En los pies, un calzado de seguridad con membrana impermeable y suela aislante evita la combinación de humedad y frío que más incomoda en una jornada de obra o de campo. Bajo el casco, un gorro o un pasamontañas fino mantiene el calor sin impedir que el casco se ajuste a la cabeza.

Lo razonable es revisar el vestuario de invierno cada otoño, antes de las primeras heladas, con tiempo para pedir las tallas que faltan y sustituir las prendas que llegaron gastadas del año anterior.

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