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Democratizar las telecomunicaciones: el éxito de gestionar internet sin jefes ni accionistas

Democratizar las telecomunicaciones: el éxito de gestionar internet sin jefes ni accionistas

La concentración empresarial y la lógica de rentabilidad condicionan cada vez más un sector esencial para la vida cotidiana. Frente a este modelo, la economía social plantea otras formas de gestionar las telecomunicaciones, basadas en la participación, la transparencia y la ausencia de accionistas

Las telecomunicaciones se han convertido en una infraestructura esencial para la vida cotidiana, pero el modelo empresarial que sostiene este servicio continúa estando condicionado, en gran medida, por una lógica de crecimiento y rentabilidad. La concentración del mercado, las operaciones corporativas y la presencia de grandes grupos empresariales han ido reduciendo el margen para que las personas usuarias tengan capacidad real de decisión sobre cómo se gestionan los servicios que utilizan a diario. 

En este contexto, conceptos como conectividad, datos, cobertura o velocidad se han convertido en elementos habituales del consumo, mientras que cuestiones como quién es propietario de las compañías, cómo se toman las decisiones o qué ocurre con los beneficios generados quedan en un segundo plano. El resultado es una relación entre empresas y clientes basada principalmente en el consumo de un servicio, y no en la participación de quienes dependen de él. En este sentido, la cooperativa de telecomunicaciones Somos Conexión, defiende que también es posible organizar el sector desde otras lógicas y reivindica un modelo en el que las personas puedan recuperar capacidad de decisión sobre un servicio esencial. 

Un sector estratégico que necesita revisar sus reglas 

Esta forma de entender las telecomunicaciones tiene consecuencias que van más allá de la estructura empresarial. Cuando la rentabilidad se sitúa en el centro, la relación con las personas usuarias puede quedar reducida a captar clientes, aumentar el consumo o incrementar el valor de cada contrato. La carrera por ofrecer más gigas, más servicios o nuevas prestaciones no siempre responde a necesidades reales, mientras que cuestiones como la transparencia, la privacidad, la sostenibilidad o el destino de los beneficios quedan relegadas a un segundo plano. Al mismo tiempo, la concentración empresarial hace que cada vez sean menos los actores que tienen capacidad para definir hacia dónde evoluciona el sector. 

El problema no es que las telecomunicaciones sean un negocio, sino que hayamos asumido que solo pueden funcionar bajo una determinada lógica empresarial. Estamos hablando de un servicio imprescindible para participar plenamente en la sociedad y deberíamos poder preguntarnos también quién lo controla, quién toma las decisiones y para qué se utilizan los recursos que genera”, explica Idoia Mirandadel equipo técnico de Somos Conexión. 

¿Qué pasaría si las telecos no tuvieran accionistas? 

Frente a este modelo, la economía social plantea una cuestión de fondo: si las telecomunicaciones son un servicio esencial, ¿por qué no pueden organizarse también desde criterios de participación y bien común? La propuesta de Somos Conexión parte de cambiar precisamente quién tiene la propiedad y, por tanto, quién decide y bajo qué criterios. La cooperativa no cuenta con accionistas externos y son las propias personas socias quienes forman parte de la propiedad del proyecto, bajo el principio de “una persona, un voto”, con independencia del capital aportado. 

Esta diferencia determina también qué ocurre con los recursos generados. Al no existir accionistas a los que repartir dividendos, los excedentes pueden permanecer en el propio proyecto y destinarse a mejorar los servicios, consolidar la actividad o impulsar iniciativas con impacto social. El crecimiento deja así de estar vinculado necesariamente a la remuneración del capital y puede entenderse como una herramienta para fortalecer el proyecto y ampliar su capacidad de generar valor para las personas que lo forman. “Una teleco no debería medirse únicamente por cuánto factura o cuánto crece, sino también por el valor que devuelve a las personas y a la sociedad. Si quienes utilizan el servicio son también quienes forman parte de la empresa, las decisiones pueden responder a sus necesidades y no a las expectativas de un accionista”, señala Miranda. 

Este planteamiento también cuestiona una dinámica cada vez más extendida en el sector: asociar una mejor experiencia digital con un mayor consumo. Tener una conexión de calidad no significa necesariamente contratar más gigas, más líneas o más servicios. Desde esta perspectiva, el reto pasa por ofrecer aquello que realmente se necesita, con precios justos y una atención humana, honesta y cercana, así como condiciones transparentes y sin convertir la conectividad en una carrera permanente por consumir más. 

La forma en que se organiza el sector tiene además implicaciones sobre cuestiones como el consumo energético de las redes y los dispositivos, los residuos electrónicos, la protección de los datos personales o la brecha digital. Para Somos Conexión, todos estos elementos forman parte de una misma discusión sobre el modelo de transformación digital que se quiere construir: no solo qué tecnología se utiliza, sino bajo qué criterios se desarrolla, quién participa en las decisiones y a quién beneficia. 

No se trata de hacer una teleco diferente solo por ser diferente, sino de preguntarnos qué características debería tener una empresa que presta un servicio esencial en una sociedad democrática. Para nosotros, esto implica que las personas puedan participar en las decisiones, que no haya intereses de accionistas por encima del proyecto y que los recursos generados sirvan para mejorar aquello que compartimos”, añade la portavoz de la teleoperadora ética. 

Con este modelo, Somos Conexión defiende que las telecomunicaciones pueden dejar de entenderse únicamente como una relación comercial entre una empresa y un cliente para convertirse en un servicio en el que también existe capacidad de participación. Una alternativa que pone sobre la mesa una pregunta más amplia para el conjunto del sector: si las telecomunicaciones son imprescindibles para trabajar, informarse, relacionarse y participar en la sociedad, ¿no debería también poder decidir la sociedad cómo quiere que se gestionen? 

Somos Conexión 

Somos Conexión es una cooperativa de telecomunicaciones sin ánimo de lucro que ofrece una alternativa de consumo en los servicios de telefonía móvil, fijo e Internet. Fundada en 2015, la iniciativa trabaja en colaboración con entidades sociales comprometidas con un mundo más sostenible y equitativo. 

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