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Artículo 156

El gran centro comercial estaba como suelen estar los lunes por la mañana, con poca gente mirando los escaparates y uno o ninguno dentro del establecimiento.

Cuando entramos en ese negocio que presume de no ser tonto, el personal estaba en lo suyo, en animada charla con el compañero. Los que no hablaban, sus pulgares, alcanzaban las 180 pulsaciones en las teclas de su móvil.

Lo entiendo, de repente entran dos personas a molestar preguntando precios por preguntar… La verdad es que el electrodoméstico en cuestión no tenía el precio, por traslado o gamberrada, de manera que esperamos.

El jefecillo de planta iba tan deprisa porque vio de inmediato que lo íbamos a preguntar, de manera que sin perder el paso, llamó por su nombre a la becaria, dos pasillos más allá y le dijo que nos atendiera. Ésta llamó por el walkie para pedir ayuda que nunca vino. Abandonamos el establecimiento acusando la pérdida de tiempo.

¿Por qué los grandes centros comerciales potencian también la venta on-line? Pues porque la gente no quiere perder la mañana, la hora ni el minuto esperando ser atendida por personal un 80% no cualificado. Los mayores acuden a los centros comerciales en verano por el aire acondicionado, por pasear fresquitos. Los jóvenes lo compran por internet.

La banca, ejemplo de aliviarse de personal echándolos al desempleo, siempre sale ganando. Cuando dan perdidas los ayuda el Estado, cuando dan ganancias, no devuelven, lo reparten entre sus accionistas.

¡Cierren! No mantengan abierto aquello que les perjudica como marca y negocio, y si no, hagan como los okupas, okupen los locales comerciales, construyan dentro dormitorios para los empleados que lo precisen y no los podrán echar.

El Gobierno debería de comprar (según el catastro) aquellos pisos abandonados por más de un lustro, reformarlos, hacerlos habitables y alquilárselos a los más necesitados, que pagarían un alquiler social. La administración pagará el inmueble en efectivo a la entrega de llaves.

Proteger la ocupación es proteger el delito y la invasión de lo ajeno castigando a la propiedad.

Y ahora, cualquier mamarracho que haya leído el artículo presumirá de la idea como propia y le darán una cartera, un bolígrafo o una piruleta, todo dependerá del grado de implicación con el partido al que pertenezca.

Manolo Royo, humorista www.manolo-royo.com

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