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La imagen más antigua de la Virgen de Guadalupe en Roma

La imagen más antigua de la Virgen de Guadalupe en Roma, en la Iglesia de los Agustinos Recoletos del Colegio Internacional San Ildefonso y Santo Tomás de Villanueva

El 12 de diciembre se celebra el Día de la Virgen de Guadalupe, también denominado como el Día de Nuestra Señora de Guadalupe. Una imagen e influencia que data de orígenes mexicanos y representa su cultura, la historia llegó a tener alcance internacional para todos sus fieles.

La primera imagen de la Virgen de Guadalupe en arribar a la capital del cristianismo fue pintada en México en 1667 por Juan de Murcia y llegó en 1672. Esta obra de arte ilustra el momento en el que San Juan Diego mostró su tilma, un característico manto mexicano, y debajo se ven rosas. Es venerada en la capilla conventual de la Comunidad de Agustinos Recoletos del Colegio Internacional San Ildefonso y Santo Tomás de Villanueva, ubicada en la Vía Sistina 11, en el centro histórico de Roma.

El Padre Prior de la comunidad agustina, Fray Javier Monroy O.A.R, amplía detalles del material histórico enviado en exclusiva a los medios de comunicación vaticanos en una entrevista a Sebastián Sansón Ferrari – Vatican News. La capilla está compuesta por un altar realizado con la técnica de incrustación en mármol, en el que está representada un águila sobre un nopal, que hoy figura en el escudo y la bandera de México. La decoración se completa con estucos de querubines, cornisas, una gran corona encima del cuadro principal, y un relieve del Espíritu Santo. Hay otras imágenes de la Guadalupana en Roma, pero son posteriores a esta.

Concretamente este sábado 10 de diciembre se conmemoró el 350º aniversario de la imagen.

Visitas a la Iglesia

La iglesia está abierta todos los días de la semana desde las 7:30 de la mañana, horario en el que se celebra la primera misa de la jornada, hasta el mediodía, y en la tarde desde las 18 hasta las 20 aproximadamente. En los horarios que no está abierta, Monroy informa que las personas pueden llamar, como lo hacen con asiduidad, solicitando la posibilidad de ir a orar, y los religiosos abren las puertas con gusto.

Virgen de Guadalupe

En la festividad de la Virgen de Guadalupe, 12 de diciembre, recordamos la historia de las apariciones de la Santísima Virgen al indio Juan Diego, en el cerro de Tepeyac, del siglo XVI. El relato Nican Mopohua es el más antiguo, compuesto en lengua náhuatl, sobre la aparición al indio Juan Diego en el cerro de Tepeyac.

En 1531, diez años después de que Méjico fuera conquistada y pasara a pertenecer al Imperio español, como virreinato de la Nueva España. Se ponía fin a los macabros ritos de sangre de las tribus aztecas y la fe y los sacramentos se acogían con esperanza, quedando a los pies de la Virgen la evangelización del nuevo continente.

El relato narra las apariciones de la Virgen a Juan Diego. La primera de las apariciones de la Virgen de Guadalupe ocurrió el 9 de diciembre de 1531, en el cerro del Tepeyac. Oyó cantar muchos pájaros preciosos, cuando se hizo el silencio, oyó que le llamaban de arriba del cerrillo y le decían: «Juanito, Juan Dieguito». Se maravilló mucho de su sobrehumana grandeza: su vestidura era radiante como el sol; y la piedra, el risco en el que estaba de pie, lanzaba rayos resplandecientes.

La Santísima Virgen comunicó a Juan Diego cuál era su voluntad: «Sabe y ten bien entendido, tú, el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador de los hombres, del que está próximo y cerca, el Dueño del cielo el Señor del mundo. Deseo vivamente que aquí me levanten un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa; porque yo en verdad soy vuestra Madre compasiva, tuya y de todos vosotros que vivís unidos en esta tierra, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, que me invoquen, me busquen y en mí confíen; allí escucharé su llanto, su tristeza, para remediar y curar todas sus penas, miserias y dolores».

La virgen le pidió a Juan Diego que le dijera al obispo Juan de Zumárraga, que deseaba que le fuera construida una Iglesia en el lugar de la aparición.

«Y ten por seguro que lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño; anda y pon todo tu esfuerzo».

El obispo no le creyó. Y muy compungido volvió al cerro de Tepeyac para informarle de su fracaso.  Se produce la segunda aparición. Le dice la Virgen: “Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por entero mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido. Y otra vez dile que yo en persona, la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envía”.

Al día siguiente, Juan Diego volvió a encontrar al obispo, quien le pidió pruebas de sus dichos y una señal inequívoca de que era la Reina del Cielo quien le enviaba.

Juan Diego se presentó de nuevo a la Virgen en una tercera aparición. Le dijo la Virgen: “Hijo mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido; con eso te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has impedido; ea, vete ahora; que mañana aquí te aguardo”.

No volvió porque su tío Bernardino enfermó y el médico le dijo que era inútil la recuperación. Cuarta aparición, el martes 12 de diciembre, Juan Diego salió a buscar a un sacerdote para su tío buscando otro camino para no retrasarse, cuando la Virgen se le presentó y lo consoló: “»Oye y ten bien entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad ni otra alguna enfermedad o angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra y amparo? ¿No soy tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo y entre mis brazos? ¿Qué más has menester?».”.

Luego le pidió subir a la cima del Tepeyac donde encontraría varias flores. La Virgen le pidió que se las presentara al Obispo.“Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; enseguida baja y tráelas a mi presencia”.

Cuando Juan Diego se encontró frente al obispo, Juan Diego abrió su tilma, dejando caer las flores. En la tilma apareció la imagen de la Virgen de Guadalupe.

El tío de Juan Diego sanó y vio a la Santísima Virgen, quinta aparición, que le pidió fuera también él a ver al obispo para revelar lo que vio y de qué manera milagrosa le había Ella sanado; y como bien había de nombrarse su bendita imagen, la siempre Virgen Santa María de Guadalupe.

(Con información de ACI Prensa y Opus Dei prensa)

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