Los habitantes de la ciudad navarra de Estella tienen que estar cansados. Otra vez, y ya van varias, su Ayuntamiento gobernado por Bildu, ha vuelto a ser condenado por la exhibición de la ikurriña, bandera de la Comunidad Autónoma Vasca, en el balcón de la Casa Consistorial en sus fiestas patronales.
De nuevo, el Ayuntamiento de esta ciudad vuelve a gastar el dinero de sus contribuyentes en conflictos «identitarios» que no llevan a nada. Conflictos que provocan gastos pecuniarios que bien pudieran servir para paliar las necesidades de los más necesitados de esta ciudad.
Y es que el nacionalismo vasco no descansa. Su objetivo, ya es sabido, la desaparición de Navarra como comunidad independiente y su inclusión en otra. Por ello, utiliza todas las armas a su alcance para conseguir, para convencer, a un número de navarros que acepten el símbolo por antonomasia vasco, la ikurriña.
El nacionalismo es perseverante, no le importa el tiempo, el caso es conseguir y seguir su hoja de ruta. La introducción de la bandera vasca es uno de los pasos. Si para ello tiene que pagar multas o tiene que ser condenado, no importa, adelante, el caso es continuar.
Queda a los ciudadanos la reacción contra tales despropósitos. Mientras ello no ocurra, el nacionalismo seguirá campando por sus respetos.


