Las mujeres que vivieron en Europa Central durante los primeros 6.000 años de práctica de la agricultura en el Neolítico tenían los brazos más fuertes que las deportistas de élite de los equipos de remo, lo que sugiere que el trabajo manual de estas fue “un vehículo crucial para las primeras economías agrícolas”, según un estudio publicado en Science Advances.
Investigadores del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) señalaron que estas características se debían a las labores de labranza de los terrenos, recogida de la cosecha y molida del grano durante cinco horas diarias con el objetivo de hacer harina.
La investigación, que forma parte del proyecto ADaPt (Adaptación, Dispersión y Fenotipo) financiado por el Consejo Europeo de Investigación, abordó la comparación de huesos de mujeres, mientras que hasta ahora se habían comparado entre mujeres y hombres.
Esta línea seguida por los estudios se debió, según los investigadores, a una subestimación sistemática de naturaleza y la escala de la exigencia física que afrontaban las mujeres en la Prehistoria.


