
El Parlamento de Navarra y algunos ayuntamientos, como el de Estella, hoy han hecho un homenaje a las victimas de la guerra civil. Pero solo a una parte. Se ha hablado sólo de las víctimas de la represión franquista, como si los que entonces -los llamados «rojos»-, no hubieran matado o asesinado a sus contrarios.
Hace 80 años los españoles, entre ellos los navarros, lucharon entre sí por la defensa de unos ideales, equivocados o no, que creían los más correctos.
Cuando esto ocurre, todos pierden. Se producen situaciones de lucha de hermano contra hermano, de amigos contra amigos, de todos contra todos.
Por eso precisamente y por la lejanía de aquel conflicto, y tras años de democracia en este país, lo sucedido ha entrado ya en los anales de la historia.
Abrir heridas solo hace recordar aquellos luctuosos hechos. La revancha, la venganza, parecen orientar a quienes se empeñan en desenterrar unos hechos sucedidos hace ya muchos años.
Las nuevas generaciones necesitan valores positivos en los que creer y desarrollarse como personas, no necesitan recordar o aprender de venganzas, deseos de revancha o despechos.
Si fuera así, lo que muchas veces ocurre en este mundo se volvería una situación normal, cotidiana, donde matar a alguien por sus ideas, por ejemplo, sería considerado normal.
Las personas viven el presente y preparan el futuro. El pasado, pasado está. La venganza y la revancha no son las actitudes más adecuadas.

