Últimas noticias

¿Quién maneja mi barca?

El año ha comenzado muy bien para los surferos. La sexta ola se ha convertido en uno de esos muros, de más de 25 metros de altura, con la que todo surfista sueña cabalgar alguna vez, como Keanu Reeves y Patrick Swayze en Le llaman Bodhi(1991). La otra ola que se aproxima es la de la inflación, el próximo 14 de enero sabremos hasta donde alcanza. Mientras los españolitos estamos perdidos en el mar como los Náufragos (1944) de Alfred Hitchcock, achicando agua y siguiendo los consejos de los guapos de Hollywood (Leo DiCaprio y Jennifer Lawrence) de No mires arriba (2021) por lo que pueda caer del cielo. ¡Por Tutatis y Belisana!, que dirían nuestros amigos galos Asterix y Obelix.

Y en medio de esta tormenta aparece el ministro Garzón. Con él llegó el escándalo (1960). Y se armó el Belén (1970). En esto días tirios y troyanos han hecho correr ríos de tinta. Unos defendiendo al ministro y acusando a los otros de manipulación de las declaraciones y que la prensa de ultraderecha no informa, manipula. Los otros pidiendo la dimisión por sus declaraciones en contra de la carne de las macro-granjas. Y sus socios de gobierno, tras comerse un chuletón al punto, dicen que sus declaraciones, al tabloide londinense, son a título personal. Mas, no se han puesto de acuerdo o coordinado y algunos de ellos piden a su jefe que lo cesé. Resulta que Pablo lo dejo todo bien atado y Pedro no puede cesar al ministro tan fácilmente. La historia se repite unos 2000 años después y Pablo adelanta a Pedro.

Sin embargo, y para no ser influenciados por unos y otros quien quiere saber con exactitud lo dicho o dejado de decir por el Sr. Garzón sólo tiene que buscar The Guardian en internet.

En todo este jaleo, hemos perdido el norte o nos lo han hecho perder. El ministro debiera dimitir o ser cesado más que por su reiterada incontinencia verbal, a la que algunos jóvenes en su jerga llamarían bocachancla, es por su manifiesta dejación de sus funciones. Y me explico.

Si un ministro, sabe que alguien, una empresa está haciendo algo mal, ilegal. Debiera denunciarlo, atajarlo y poner remedio al problema, pero no salir en la prensa mirar para otro lado y no actuar o simplemente decir vaguedades, que señalan a todo un sector, o por motivos ecológicos a un tipo de granjas. Si son legales, y funcionan según lo establecido. se me ocurre entonces, que lo que habrá que hacer es modificar las leyes y/o fomentar otro tipo de ganadería. O regular y cumplir el etiquetado indicando el origen de la carne con el tipo de ganadería para que el consumidor decida mejor a la hora de comprar.

Lamentablemente, no es la primera vez que un ministro de este gobierno, a toro pasado, reconoce públicamente que no se han tomado decisiones correctamente. No hace mucho la ministra Yolanda Diaz, dio a entender que algunas actuaciones de este gobierno en marzo de 2020 se tomaron sabiendo que se estaba actuando erróneamente. Y no sigo con el resto del consejo de ministros, pues las hemerotecas hablan solas.

Es esta dejación en el ejercicio de funciones y el mirar para otro lado, lo que debiera escandalizarnos a los sufridos ciudadanos. Lo demás es retórica y carnaza para los medios, de hunos y hotros, y desviar el verdadero y grave problema.

El problema es la personificación del famoso principio de Peter en gran parte de nuestros supuestos gestores públicos y de sus innumerables asesores que no les ayudan a identificar los problemas y actuar en consonancia.

Como sabe el lector, el Principio de Peter afirma que, en una organización, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia. Lo que en lenguaje coloquial se traduce como la nata sube hasta cortarse.

Se acerca el Benidorm Fest para elegir la canción que nos representará en 2022 a Eurovisón, mi neurona se ha cortocircuitado y me ha enviado a 1983. A tiempos de movida, universidad y reconversión industrial.

Espero que el último puesto que alcanzamos, aquel año, no se repita ahora, en 2022 también en el aspecto económico y nos convirtamos en el vagón de cola tras los miles de millones de los fondos Nueva Generación (Next Generation) o debiera decir Euros living a Celebration (2002).

En aquel año, Remedios Amaya nos representó cantando ¿Quién maneja mi barca?

Y esto mismo empezamos a entonar muchos, ante el panorama de este comienzo de 2022.

La letra decía: Ay, ¿quién maneja mi barca, ¿quién? Que a la deriva me lleva, ¿quién?

Jesús Bodegas Frías, licenciado en Ciencias Biológicas

Artículo anterior El año que vivimos peligrosamente

Otras noticias publicadas

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies