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Hallan el punto del cerebro donde se generan los sentimientos de soledad

Hallan el punto del cerebro donde se generan los sentimientos de soledad

Es común que la soledad sea identificada como algo negativo y perjudicial. Habitualmente, esta se asocia con la tristeza y la desesperación.

Cuando estamos con otras personas, lo más frecuente es que centremos nuestra atención en su presencia, en las conversaciones que entablamos con ellos. De este modo, pasamos por alto muchas cosas que no nos pasan desapercibidas cuando estamos solos; en soledad, observamos a nuestro alrededor, nos fijamos en detalles tales como paisajes, casas, otras personas con las que nos cruzamos y un largo etcétera.

Casi todos nos sentimos solos en algún punto. La buena noticia es que, para muchos de nosotros, es una condición temporal, quizá una que es causada por un cambio en la vida: mudarse a un nuevo lugar o comenzar un nuevo trabajo.

Pero para otras personas, la soledad es una forma de vida, una que puede derivarse no sólo por la cantidad de personas alrededor sino por una falta de conexión con otros. Y, se mostró en investigaciones que, la soledad crónica puede tener consecuencias adversas para tu salud.

Los científicos todavía examinan el vínculo entre la salud mental y física y cómo la soledad afecta a nuestros cuerpos.

El equipo de las científicas Kay Tye y Gillian Matthews, del Instituto Picower para el Aprendizaje y la Memoria, adscrito al MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) en Cambridge, Estados Unidos, ha identificado un conjunto de células cerebrales que constituye el principal soporte físico donde se generan los sentimientos de soledad. Este conjunto de células, situado cerca de la parte trasera del cerebro, en un área llamada núcleo dorsal del rafe (DRN, por sus siglas en inglés), es necesario para generar la mayor sociabilidad que normalmente acaece después de un periodo de aislamiento social, a juzgar por los resultados de la investigación con ratones.

Hasta donde sabe el equipo de investigación, es la primera vez que alguien ha asociado un estado descriptible como sensación de soledad a un sustrato celular. «Ahora tenemos un punto de partida para empezar realmente a estudiarlo”, dice Tye.

Si bien se ha investigado mucho acerca de cómo el cerebro busca interacciones sociales provechosas y responde ante ellas, se sabe muy poco sobre cómo la soledad y el aislamiento motivan también el comportamiento social.

En esta imagen del núcleo dorsal del rafe, las neuronas de dopamina están etiquetadas en verde, rojo o en ambos colores (aparecen de color amarillo). (Imagen Gillian Matthews)
En esta imagen del núcleo dorsal del rafe, las neuronas de dopamina están etiquetadas en verde, rojo o en ambos colores (aparecen de color amarillo). (Imagen Gillian Matthews)

La investigación indica que las neuronas del núcleo dorsal del rafe reaccionan ante el estado de aislamiento. Cuando en los experimentos unos animales eran alojados juntos, sus neuronas del núcleo dorsal del rafe no estaban muy activas. Sin embargo, durante un periodo de aislamiento lo bastante largo, estas neuronas se volvían más sensibles al contacto social y cuando a los ratones que habían estado aislados se les reunía con otros, se iniciaba una clara actividad en el núcleo dorsal del rafe. Al mismo tiempo, esos ratones se mostraron mucho más sociables que aquellos a los que no se había aislado en ningún momento.

Los investigadores encontraron asimismo que los animales con un rango más alto en la jerarquía social eran más receptivos a cambios en la actividad del núcleo dorsal del rafe, lo que sugiere que podrían ser más susceptibles a los sentimientos de soledad, y al reencuentro con otros individuos después del aislamiento.

Tal como reflexiona Tye, la experiencia social de cada animal en un grupo no es idéntica. Es fácil suponer que al ratón dominante le puede gustar su entorno social, mientras que el ratón subordinado, acosado a diario por al menos un miembro de su especie, puede ser más proclive a preferir estar solo que mal acompañado, por así decirlo.

Evidentemente, las connotaciones negativas de la soledad pueden llegar a ser muy graves y perjudiciales, pudiendo llegar a ser esta muy peligrosa. Sin embargo, es importante hablar también de las ventajas que supone estar solo de vez en cuando y saber tolerar dicha soledad.

En cualquier caso, el hecho de aprender a convivir con uno mismo, a disfrutar de la única compañía del yo, es un ejercicio muy importante para conocerse como persona que nos aportará fortaleza, autoestima y que nos enseñará a respetarnos a nosotros mismos.

 

 

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