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Juan Ramón y Zenobia, un amor que venció a los obstáculos

Juan Ramón y Zenobia, un amor que venció a los obstáculos

Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí se casaron en Nueva York el 2 de marzo de 1916, casi tres años después de conocerse en Madrid, una historia en la que el amor que los unía resultó vencedor por encima de obstáculos, como la distancia o las reticencias de los padres de la joven.

Raimundo e Isabel, los padres de Zenobia, no veían con buenos ojos el idilio y no se lo pusieron fácil a la pareja, tal y como revelan los documentos, manuscritos y cartas, la mayoría inéditos, que este mes se exhiben en la Casa Museo Zenobia-Juan Ramón de Moguer (Huelva) y que ponen de manifiesto cómo se gestó la boda.

«Estaban completamente enamorados», afirma sin dudarlo Rocío Bejarano, del Centro de Estudios Juanramonianos, algo que puede verse en las cartas que ambos intercambiaban y que denotan la fuerza del amor que sentían en uno por el otro.

«Yo procuraré siempre ser una buena mujer para ti… para ayudarte a ser valiente, para no ser una carga y para empujarte siempre para arriba en todo lo que alcancen nuestras almas. Quiero que te refugies en mí contra toda desilusión y contra lo mediocre y mezquino de la vida», decía Zenobia en una de ellas.

«El día, glorioso, me traspasa de alegría. Estoy lleno de amor por ti y todo se va hacia tu corazón, Zenobia mía, en este sol hermoso», respondía en otra misiva el Premio Nobel de Literatura.

Sin embargo, ese amor se topó de frente con los padres de ella, como explica Bejarano. Su madre, Isabel, vio en el nacimiento de la segunda hija de José Camprubí -hermano de Zenobia- la «excusa perfecta» para que ella y Zenobia embarcasen en el «Montevideo», hacia Nueva York, el 30 de noviembre de 1915.

«La intención de la madre de Zenobia era apartar a su hija del poeta», señala la investigadora, quien relata cómo ambas llegaron a la ciudad americana el 16 de diciembre, y cómo la joven se dedicó a visitar a amigos en diferentes ciudades, a hacer de guía y a su negocio, a vender todo lo que podía, para sacar dinero para ayudar a construir el hogar que quería formar con Juan Ramón.

«No seas bobito, hijo, que todo lo que pueda ganar cada uno por su lado vendrá bien para el piso, para la casa o para nuestros hijos», escribió Zenobia al poeta.

Bejarano resalta el noviazgo de Zenobia y el Nobel también inquietaba al padre de la joven, Raimundo, quien tuvo una «tensa» conversación con Juan Ramón, y así se lo relata el poeta a ella en una carta, hasta ahora desconocida, que se exhibe en Moguer, perteneciente a los fondos de Puerto Rico.

En ella el poeta explica a Zenobia que había contado a su padre sus planes de embarcarse a Nueva York para casarse con ella y que le había pedido su consentimiento: «Me respondió de un modo violento y grosero que tú tenías veintiocho años y que él no tenía necesidad de dar consentimiento ninguno, pero que, además, no lo daba».

Tras este desencuentro, Raimundo informó a su esposa de «los secretos planes de boda de la pareja» en una carta fechada el 26 de enero de 1916, que también se da a conocer ahora, y en la que se resigna al enlace a pesar de los intentos por impedirlo: «Que sean muy felices y que sean colmados sus deseos, es lo único que nos queda desearles», decía el padre de la joven.

La resignación dio paso a una serie de exigencias como el informe médico del buen estado mental del poeta, solicitado por la madre de Zenobia, para evitar la boda si hubiera sido negativo.

Documento que también forma parte de la muestra junto a la cédula de identificación de Juan Ramón como «gerente-viajante de comercio para el extranjero dedicado a la colocación de libros de producción nacional» expedida a su nombre por el Ministerio de Estado el 10 de enero de 1916, después de convencer a Rafael Calleja para que lo comisionase y le encomendase la representación de su empresa ante los editores norteamericanos especializados en libros infantiles.

Explica Bejarano que Juan Ramón embarca el 30 de enero de 1916 embarca hacia Nueva York en el «Antonio López», «feliz» porque va a cumplir su objetivo, casarse con Zenobia, según cuenta a una amiga desconocida en una carta.

Se trata, en definitiva, de documentos, que ponen de manifiesto la gesta de un enlace que supuso la formalización de una historia de amor que comenzó con el empecinamiento de poeta por la joven, y que terminó siendo, durante décadas, hermosa y fructífera en el plano personal y profesional. Laura Ramírez

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