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Ribaforada

El escudo de Ribaforada se compone de: Trae de oro un puente de un arco sobre ondas de plata y azul y sobre él, a la izquierda, una cruz de San Juan de Jerusalén de oro atravesada por una espada, y a la derecha, luna creciente con corona real de oro. El puente puede simbolizar el que atraviesa el canal imperial o el que existió entre los dos poblados primitivos de Ribaforada, mientras que la Cruz del hospital de Jerusalén, que su señorío perteneció a dicha orden.

escudo Ribaforada

RIBAFORADA
Categoría
Villa
Superficie en km2
22,9
Distancia a Pamplona
107
Altitud
266
Habitantes
3.721

 

Su nombre procede del Latín, de dos de sus palabras. Riba, riva o ripa, que según la RAE, significaría, promontorio o zona elevada; y Forum, que hace referencia a fuero o norma.

Situación:


Limita al norte con el municio de  Cabanillas, al este con los de  Fustiñana y Buñuel, al sur con el de Ablitas y al oeste con este municipio y el de Fontellas. Su término linda con el Ebro y se halla atravesado por los canales Imperial y de Lodosa.

Historia


Reconquistado el lugar a los musulmanes junto con Tudela (1119), a mediados del propio siglo XII fue dado en señorío a los Templarios, que lo hicieron sede de una encomienda. Disuelta esta Orden Militar (1309) y confiscados sus bienes muebles, la villa fue entregada por el rey Luis I el Hutín (1313) y, este, posteriormente,  a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, aunque reservándose la Corona algunas heredades.

Tuvo morería. 35 familias en 1402. Su expulsión, tierras, sumada a la crisis demográfica, supuso una reducción drástica de su población. Durante la Guerra de Sucesión (1700-1713),  muchas casas fueron abandonadas, causando su ruina.
Las condiciones económicas aún debieron empeorar con la rotura de la presa del Bocal, de donde se tomaba el agua para el riego, en 1722. En 1726 Ribaforada tenía sesenta habitantes. A finales de siglo -desde 1784- la apertura del Canal Imperial* haría que comenzasen a mejorar las cosas al recuperarse y ampliarse el área de regadío.

Sin duda, esto se halló en la base del despegue demográfico. En 1792, en un memorial de la villa al gran prior de la religión de San Juan, se le expuso la necesidad que advertían de aumentar su población, pues por falta de casas, aun los mismos hijos de sus habitantes se veían expatriados, viéndose en la precisión de acogerse a otros lugares con perjuicio de su lugar natal, en el que por falta de trabajadores no podían cultivarse muchas tierras feraces. Pedían licencia para construir veinte casas más.
Esto último se debía a que la villa seguía siendo señorío de la orden de San Juan de Jerusalén, y así continuó hasta la desaparición de todas las jurisdicciones señoriales en la primera mitad del siglo XIX. En consecuencia, era hasta entonces el gran prior quien nombraba el alcalde del pueblo, así como el párroco, con título de vicario perpetuo.
Ribaforada sufrió, sobre todo económicamente, las guerras del siglo XIX por los subsidios que exigían los contendientes. En 1847 contaba con tres sotos arbolados junto al Ebro. En 1859 se repartieron en lotes los terrenos del soto de La Isla entre quienes habían trabajado en la desecación de sus carrizales y de las zonas pantanosas insalubres que allí existían. Los repartos se reanudaron en 1868 (con la revolución) y en 1912 la totalidad del monte se parceló y sorteó entre los vecinos.
Ribaforada estuvo transitoriamente, (1822-1823), en la provincia de Zaragoza, segregada de Navarra.

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