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Paris en el armario Principal
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Lateral derecho Castillo de Javier
Lateral izquierda Castillo de Javier
Ujué

El escudo de Ujué se compone de: Sobre fondo azul un castillo de oro de tres torres, la de en medio más alta que las laterales. Sobre ella una paloma de plata. En el flanco diestro un ángel y en el siniestro la figura de la Virgen.

Probablemente el escudo se hace eco de la leyenda existente sobre la aparición de la Virgen de Ujué. Cuenta la leyenda como una paloma entraba y salía del agujero de una peña. Un niño movido por la curiosidad se acercó con la intención de espantarla. Al comprobar como la paloma seguía con su aleteo insistente; se acercó y contempló una bella imagen de la Virgen. Sobrecogido por el impacto de la aparición de la efigie mariana avisa a la población, sita donde hoy se encuentra la ermita de La Blanca , y todo el pueblo cambia de lugar. Así nace la villa de Ujué. La Virgen de Ujué- en vascuence, paloma

Escudo_de_Ujué.svg

UJUÉ
Categoría
Villa
Superficie en km2
112,2
Distancia a Pamplona
53
Altitud
840
Habitantes
187

 

Situación:


Limita al norte con los municipios de  Lerga y Eslava, al este con el de  Gallipienzo, al sur con los de Murillo el Fruto, Santacara y Pitillas y al oeste con los Beire y San Martín de Unx.

Se ve atravesado por pequeños afluentes de los ríos Cidacos y Aragón, en cuyo  término se encuentra la divisoria de aguas entre ambos.

Historia


Constituyó durante casi dos siglos el principal bastión del reino de Pamplona frente a los dominios musulmanes de las riberas del Ebro. Una noticia árabe referida a la época de García Sánchez I (931-970), nos habla de que “el castillo que se llama de “Santa María” es el primero del sistema defensivo de Pamplona, el más sólidamente construido…”. La inseguridad de los vecinos de somontanos y planicies, apenas habitados entonces, debió de propiciar la acumulación de pobladores en aquella proa serrana. La fortaleza generó, en definitiva, una villa, sin duda populosa, centro organizador de un amplio contorno. El avance de la reconquista hasta Arguedas (1084), Sádaba (1096) y Milagro (1098) favoreció la ocupación estable y las roturaciones de las “tierras nuevas”, ancha franja de somontanos oteada desde el nido de águilas de Santa María. Se iría definiendo entonces el área de influencia de la villa cuyo término se estiraba por el suroeste hasta las aguas del Cidacos, incluyendo Pitillas y su laguna y, probablemente, Olite.

Ujué conservó su calidad de plaza vigilante de la frontera navarra con Aragón. Subsistió, pues, el castillo e incluso se puso al día su “retenencia” (1376) en momentos difíciles para el reino. Entre tanto, se había afirmado la primitiva villa, configurada en concejo, con su alcalde o juez local, sus jurados y un preboste o agente local del poder regio. Parece que hacia mediados del siglo XIII alcanzó su apogeo demográfico, con la consiguiente demanda de tierras de cultivo.

La gran peste negra de 1348 resultó catastrófica. Casi veinte años después sólo quedaban 50 hogares habitados. A la espiral de epidemias, escasez de mano de obra y malas cosechas se añadieron, a mediados del siglo XV, los estragos de la guerra civil. La villa se convirtió en un reducto inexpugnable de la facción agramontesa. Durante más de diez años tuvieron que anticipar los vecinos provisiones para la propia guarnición y contemplar desde arriba el desfile de mesnadas enemigas que, como los castellanos en 1461, arrasaban las mieses y robaban el ganado. En 1478 Sólo quedaban 26 casas en pie y una docena de ellas desocupadas.

El santuario iba a salvar la villa. La devoción mariana recuperó a la villa. A mediados del siglo siguiente albergaba ya medio centenar de vecinos. Además desde el siglo XVI comenzaron a extenderse por Navarra las hermandades de apostolado, que en Ujué tenían una finalidad principalmente peregrina. Se efectuaban las peregrinaciones sin fecha fija, hasta 1725 en que el obispo de Pamplona decidió fijarlas en el primer domingo después de San Marcos, a petición del concejo de Tafalla.

También, como tantos otros lugares navarros de culto, Ujué sufrió de forma capital las guerras y las decisiones nacionalizadoras de la primera mitad del siglo XIX. Fue saqueado por soldados franceses en la guerra de la Independencia (1808-1814) y en los años treinta se nacionalizaron las posesiones del santuario y sus principales alhajas.

El auge de las romerías que se experimentó en toda la Iglesia durante el siglo pasado afectó también a Ujué. En 1885, el párroco de Beire, Vicente Navascués, propuso públicamente que se celebrara el milenario del hallazgo de la imagen, sin duda animado por el éxito del coetáneo centenario de la Virgen del Puy de Estella, y así se hizo durante el mes de mayo de 1886. En 1952 la imagen de la Virgen de Ujué fue restaurada y tuvo lugar su restauración canónica.

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