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Lateral izquierda Castillo de Javier
Olite

El escudo de Olite se compone de: Sobre fondo blanco,  olivo acompañado de dos castillos almenados. Coronado y circundado por las cadenas de Navarra.

Escudo_de_Olite.svg

OLITE
Categoría
Ciudad
Superficie en km2
83,2
Distancia a Pamplona
42
Altitud
388
Habitantes
3935

Su denominación, Olite es de origen romance.  Se relaciona con el nombre de olivo, prueba de ello es la presencia de este árbol en el escudo de la localidad. También existe otra teoría de que el nombre procedería del vocablo visigodo Ologitum que significa bastión o defensa.

Situación:


Limita al norte con el municipio de  Tafalla, al este con los de  San Martín de Unx, Beire, Pitillas y Murillo el Cuende, al sur con el de  Caparroso y al oeste con los de Marcilla, Falces y Tafalla.

El rasgo más característico del relieve olitense son las extensas llanuras escalonadas a diversos planos, los que se corresponden con las terrazas fluviales de los rios Cidacos y Arga.

Historia


Desde tiempos prehistóricos la ocupación humana de estas tierras es ya conocida. Se tiene constancia de la existencia de hasta 14 asentamientos en las tierras que hoy ocupa el término de Olite. De estos, hasta 8 se sabe que formaron núcleos de población primitivos cuya supervivencia alcanza en el caso de uno de ellos el  poblado de Turbil, situado en una terraza del río Cidacos, hasta la época altomedieval.

Es precisamente en este momento cuando los datos históricos rebelan que hacía el año 621 el rey visigodo Suintila fortifica un asentamiento situado en lo que hoy es la zona más elevada de la actual Olite en respuesta a un posible ataque vascón sobre una de las provincias en las que se dividía el reino visigodo, la Tarraconense. San Isidoro narra los rasgos más relevantes de la acción. Se trata de la primera mención de la villa, que abarcaría una pequeña superficie aún visible por los lienzos de muralla con torres cuadradas.

La invasión musulmana la pondría bajo control islámico, integrada en el dominio de los Banu-Qasi, y la función defensiva se prolongaría, mirando hacia el norte cristiano o hacia el sur musulmán, hasta que a comienzos del siglo XII la conquista del valle del Ebro por Alfonso I el Batallador alejó definitivamente la frontera e hizo desaparecer el carácter de barrera protectora que habían adquirido. A partir de ese momento la villa adquirió funciones comerciales y agrícolas gracias a su situación de proximidad a la vía Tudela (Ebro)-Pamplona y al Camino de Santiago, y al general desarrollo de la economía occidental. El primer punto de la transformación lo señala la concesión (1147) del fuero de Estella, que favorecía el asentamiento de nueva población al otorgar a los vecinos la categoría de “francos” y la posibilidad de roturar tierras. Los efectos fueron inmediatos y un siglo después,  el número de fuegos censados para el pago de la “talla” se elevaba a 1.098 que, unidos a las familias que todavía no habían logrado la vecindad y a los judíos residentes en la villa, da una población aproximada de 6.000 habitantes. Ésta es una cifra muy elevada que, además, se incrementaría en decenios posteriores, pues según el Registro del Concejo entre 1285 y 1330 fueron admitidos 200 nuevos vecinos.

Carlos III creó en 1407 una nueva merindad centrada en ella, agrupando parte de las de Tudela, Estella y Sangüesa. Antes de 1400 los monarcas navarros eligieron su antiguo palacio para residencia, realizando una amplia labor de embellecimiento que duró casi medio siglo, convirtiéndolo en centro de vida cortesana y, en muchas ocasiones, capital política del reino. Pero a finales del siglo XV las alteraciones políticas devolvieron a la población su función militar y los vecinos, alineados en el bando agramontés, sufrieron frecuentes acosos por parte de las tropas beamontesas. A primeros de marzo de 1495, el ejército del conde de Lerín atacó y tomó al asalto la villa con gentes de Castilla, Aragón, La Rioja, Guipúzcoa, Álava y Navarra, que la sometieron al saqueo y la destrucción.

Olite había adquirido de Felipe IV (VI de Navarra) la condición de ciudad por 15.500 ducados en 1630. Sufrió, como tantos pueblos navarros, las destrucciones de las guerras del siglo XIX.

Fue cabeza de merindad, y de partido judicial hasta la primera guerra carlista, en que esta función se trasladó circunstancialmente a Tafalla, sin que se moviera ya de allí.

La ciudad creció de manera muy notable durante el siglo XIX, hasta el último cuarto de siglo, en que sobre todo el problema de la filoxera y la consiguiente crisis vitícola provocó la inversión del ritmo demográfico, impulsando la emigración.

Por lo mismo, aunque en otro sentido, Olite se convertía a comienzos del siglo XX en foco principal del desenvolvimiento del agrarismo y en particular de las Cajas rurales

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