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Lateral derecho Castillo de Javier
Lateral izquierda Castillo de Javier
Marcilla

El escudo de Marcilla se compone de: Sobre fondo azul, cepa con su fruto y un castillo en la parte superior. Bordeándolo todo, las cadenas de Navarra que Sancho el Fuerte donó a Marcilla

Escudo_de_Marcilla.svg

MARCILLA
Categoría
Villa
Superficie en km2
21,9
Distancia a Pamplona
63
Altitud
290
Habitantes
2.800

 

Situación:


Limita al norte con el municipio de Falces, al este con los de  Olite y Caparroso, al sur con el de  Villafranca y al oeste con los de Funes y Peralta. Su término municipal es alargado y estrecho y se orienta de norte a sur; lo atraviesa de este a oeste por su parte meridional el río Aragón.

Historia


Exceptuando la posible presencia de una pequeña villa agrícola romana en el lugar donde hoy se asienta la localidad, a juzgar por restos de cerámica encontrados, realmente no se conocen datos de la existencia de Marcilla, como lugar poblado, tanto antes como durante la dominación romana.

Muy posiblemente, la presencia de dicha villa rural daría pie a la fundación de Marcilla por el rey visigodo Gundemaro hacia el año 610, mediante la instalación en dicho lugar de un monasterio.

Por los servicios de vigilancia que prestaba en el valle de Funes, el rey Alfonso el Batallador concedió a sus pobladores el libre aprovechamiento de aguas para hacer un molino (1102). Extendió después al lugar el derecho de Calahorra (1110); desarrollado posteriormente en el llamado fuero de Viguera y Val de Funes. Las rentas pasaron al magnate Pierres de Peralta en 1407, tras haber pertenecido la villa durante años a las monjas benedictinas del monasterio de Santa María. Ésta pasó ulteriormente a sus descendientes los marqueses de Falces.

Como señor de la villa, el marqués era quien nombraba el alcalde y los tres regidores hasta la primera mitad del XIX. En cambio, el cura vicario de la parroquia y sus dos beneficiados eran de provisión real y del cabildo de Barbastro, que tenía la calidad de abad de la villa y percibía por lo mismo la mitad de sus diezmos; la presentación la ejercía uno u otro según el mes en que se diera la vacante.
Marcilla tenía privilegio de feria para los ocho últimos días de Septiembre.

Como pocos pueblos de Navarra, Marcilla registró un espectacular desarrollo demográfico y económico durante el siglo XIX y el XX. Además de la vía férrea de Pamplona, con estación a dos kilómetros del pueblo, en los años veinte tenía una gran fábrica azucarera, expresión del auge remolachero de comienzos de siglo; sendas fábricas de alcohol y de harinas, dos de gaseosas y hielo, una de conservas vegetales y dos centrales eléctricas. Subsistía una fundación para el mantenimiento del hospital, presente desde antiguo en la vida de la villa.

Monasterio de Santa María: En este lugar la reina Sancha, esposa de Sancho VI el Sabio, fundó hacia 1160 un monasterio de monjas cistercienses. Según una confirmación de dicho monarca (1181) se le había dotado con la propia villa y poseía otros bienes en los valles de Guesálaz y Yerri, vendidos posteriormente a la corona (1252). Bajo el abadiado de doña Blanca, hija natural de Sancho VII el Fuerte, parece haber conocido la época de mayor esplendor. Posteriormente la disciplina conventual se fue relajando y los edificios quedaron casi abandonados, hasta que se produjo la disolución de la comunidad (1405) y la incorporación del monasterio al de la Oliva. Se convirtió así en un priorato de monjes de creciente importancia. Se le sumaron nuevas rentas (1422) y finalmente fue erigido en abadía (1605) de patronato regio; su abad formó parte desde entonces del brazo eclesiástico en las Cortes del reino. Una saneada economía permitió la construcción de nuevas dependencias (1755) y el abandono de las antiguas, en estado ruinoso. Las exclaustraciones de 1809 y 1820 establecieron sendos paréntesis en la vida conventual, que quedó definitivamente interrumpida con la supresión de la comunidad y la desamortización de sus bienes (1835).

Castillo de Marcilla

La fortaleza señorial que aún puede admirarse en el centro de la localidad se edificó, al parecer, en los últimos años del reinado de Carlos III el Noble. En 1424, este monarca dio a mosén Pierres de Peralta materiales para las obras, y poco después, mil libras con el mismo fin. Hacia 1429, Juan II y doña Blanca dieron al citado mosén Pierres el señorío de la villa. Desde que en 1513 Fernando el Católico instituyó el marquesado de Falces en favor de don Alonso de Peralta, fue este castillo núcleo y cabeza de dicho marquesado, uno de los estados o señoríos más importantes y dilatados del Reino.

Es conocida la leyenda, según la cual la marquesa Ana de Velasco se enfrentó valerosamente en 1516 a las gentes de armas del coronel Villalba, impidiendo que se llevase a cabo la demolición de la fortaleza, decretada por el cardenal Cisneros.

El castillo-palacio, hermoso ejemplar de fortificación gótica, fue construido en ladrillo sobre taludes de piedra, que pudieran datar de época anterior. Hacia 1980, el castillo fue adquirido por la Diputación Foral para su restauración.

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