Estamos viendo en las últimas semanas algo, no sé si poco ético o incluso poco legal, pero desde luego nada estético en mi opinión, como es el que varios ministros colocados como secretarios generales regionales tras los últimos congresos del Partido Sanchista, antes Obrero y nunca Español compaginen sus puestos en el Poder Ejecutivo con sus objetivos electoralistas para las próximas elecciones autonómicas, cuando aún faltan más de dos años para esa cita.
Y, entre estos ministros multiuso, destaca especialmente la que además de ministra de Hacienda es vicepresidente primera del gobierno –“presidente” en funciones esta semana por el viaje de su jefe a Asia– y vicesecretaria general del partido, María Jesús Montero, que ya está más en Andalucía que en Madrid. Allí, en uno de los mítines de fin de semana a los que ya se ha acostumbrado la precandidata andaluza, nos dejaba una muestra de su poco rigor democrático y no menor desprecio de la separación de poderes. A cuenta de la reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que absolvía al exjugador de fútbol del Barcelona, Dani Alves, se expresaba así nuestra Omaíta sin gracia: ¡Qué vergüenza que todavía se cuestione el testimonio de una víctima y se diga que la presunción de inocencia está por delante del testimonio de mujeres jóvenes, valientes, que deciden denunciar a los poderosos, a los grandes, a los famosos! Una barbaridad que le valió la repulsa de todas las asociaciones de jueces y fiscales, que firmaron un comunicado recordando que la presunción de inocencia es un principio fundamental del Estado de derecho. Entre ellas, la inclusiva y progresista Juezas y Jueces para la Demagogia, perdón, la Democracia, ¿en qué estaría yo pensando? Asunto en el que no faltó la aportación de la ahora diputada europea y posible número uno de Podemos para las próximas elecciones generales, Irene Montero: “Porque este caso, como todos los demás, demuestra que para el machismo no hay una forma buena de ser víctima, porque para el machismo la única víctima buena es la que está callada, la que con su silencio garantiza la impunidad de los agresores. Nos quieren calladas, pero no lo van a lograr. Nunca más en silencio, porque como dijo Audre Lorde, ‘nuestro silencio no nos protegerá’, solo sí es sí”. Eso que dejó a cientos de condenados por violación en la calle o les redujo sus penas. Ambas, contribuyen al contumaz ataque del Gobierno hacia los jueces que no le dan la razón, los que quieren ir a Europa contra el Constitucional por anular la sentencia de los ERE, los que juzgan, entre otros, a su pareja, la “catedrática” sin licenciatura Begoña Gómez, al hermanísimo David Sánchez “Azagra” von “Karajote” de Badajoz o al fiscal general de su “Establo”, a su exministro de Fomento, el “tío” de cada vez más “sobrinas”, José Luis Ábalos, y los que dicen que la ley de amnistía es inconstitucional o actúan sobre lo que asfixia a Pedro Sánchez y espero que acabe sentándolo en el banquillo.
Creo oportuno transcribir unas palabras al respecto del psiquiatra forense José Cabrera, que suscribo: “¿Cuándo un político puede hablar de una sentencia o no?, porque tampoco lo tengo yo muy claro, ¿cuándo es decoroso, cuándo no, cuándo se sobrepasan los límites…? Y hacía una buena referencia a una conocida película: ¿Qué le decía el general Máximo Americio a las tropas romanas cuando entraban en combate, en la película famosa Gladiator, que a todos nos conmovió? Fuerza y honor, ¡qué tiempos aquellos!, tiempos romanos, hace 2.000 años, cuando todo el mundo respondía de sus actos. Hoy no se responde de los actos, dices lo que te viene en gana en ese instante. A mí no me ha sorprendido nada lo que ha dicho la vicepresidenta del Gobierno, porque conozco el paño, y el paño está podrido. ¿Qué se puede esperar de esta banda, que no solamente no tienen información ni formación, sino que son amorales en su forma de enfrentarse a esto? No es que alguien que dice esto en concreto, fuera ella, fuera otra persona, tiene que dimitir, no tenía que haber llegado al cargo que tiene, pero ya que está ahí porque está, tenía que ser automáticamente cesada, no dimitir, cesada”.
AL final, acorralada por crítica, órganos judiciales, prensa e incluso desde las filas de su partido, se medio disculpó, de aquella manera, con su circunloquio y la boca pequeña: “Sí, sin ningún problema, yo creo que si de la literalidad de la expresión que utilicé se puede concluir que yo he puesto en cuestión ni más ni menos que la presunción de inocencia, que es un pilar de nuestro estado de derecho, pues evidentemente la retiró y pido disculpas por esa expresión”. Y no le faltó el apoyo de ese juez-decepción que es su compañero de Interior, Fernando “Pequeño” Marlasca, poco menos que cargando contra sus excompañeros del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que parece que no se explicaron bien en los cien páginas de resolución: “Respeto absoluto a todas las resoluciones judiciales, pero esas resoluciones, y en una materia de una sensibilidad social máxima, deben de explicarse muy bien, sobre todo para que las víctimas y las potenciales víctimas, no pierdan la confianza en las instituciones y que las instituciones están para protegerlas”. La confianza se pierde con jueces como Marlasca, desvirtuado por el Caso Faisán e irreconocible como ministro.
Y no contenta con la barbaridad de cuestionar la presunción de inocencia, dejaba otra de sus perlas, después de decir en otro mitin que “La universidad privada es la principal amenaza que tiene la clase trabajadora para dar un horizonte de esperanza en esas familias que sólo a través del esfuerzo, del conocimiento, de la capacitación, van a subir ‘escaños’ –la traicionó el subconsciente, sin duda y titubeó–, van a subir, eh, eh,… escalones, en la escala social. No podemos permitir que alguien se compre el título y la formación, compitiendo con el hijo del trabajador que no puede comprarse un título y tiene que tener una beca para poder estudiar…”. Para continuar arremetiendo contra esas universidades privadas en las que obtuvieron sus títulos su jefe y media docena al menos de sus compañeros de contubernio de ministros, ministras y ministres, en el que buena parte sólo pueden presumir de “ridículum vitae”: “Y mientras se ahoga –yo diría mejor, se despilfarra, dado el nivel de egresado en la muchas de ellas– desde el punto de vista de la financiación a las universidades públicas, se extiende una alfombra roja a la creación de esas academias a las cuales antes se ha hecho referencia. Centros que en muchas ocasiones, no todas –se pierden en su sinrazón, con circunloquios absurdos–, pues no buscan la excelencia ni la investigación sino simplemente hacer caja, emitiendo títulos sin exigencias reales, convertidos, bueno, pues, en chiringuitos educativos”. Claro, que no hacía otra cosa que actuar de telonera de su jefe, el rey del postureo Sán-chez Pong, que antes de su nueva escapada, esta vez a los paraísos comunistas en busca de su admirado Xi Jinping, precedido de su embajador José Luis Rodríguez Zapatero, hablaba de lo mismo, demostrando que no era improvisado el ataque a las universidades privadas, sino que se trataba de otra cortina de humo más de Producciones Moncloa con las que quieren tapar los frentes judiciales antes citados: “Apoyamos a la Universidad pública con la misma convicción con la que queremos combatir el avance de centros privados que priman, sin rigor y sin escrúpulos, el negocio sobre la calidad. Esos chiringuitos –si lo sabrá el que estudió (es un decir) en uno y le copiaron la tesis, que ni él se leyó, en otro, convirtiéndose en el doctor Plagio cum Fraude–, que no cumplen el nivel que cabe exigirle a nuestra educación superior, dañando el conjunto del sistema”. Habla de chiringuito el que indirectamente al menos, influyó para que su mujer tuviera uno, mientras sigue siendo investigada por el juez Juan Carlos Peinado nada menos que por los delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación, intrusismo profesional y, como guinda para el repóquer, apropiación indebida.
Y hablando de postureo, la última actuación, porque no puede calificarse de otra forma la intervención de Fray Perico, en ese tono parroquial de no haber roto un plato en su vida, que voy a replicar y no entiendo, con lo fácil que se lo pone, que no lo haga sobre la marcha el principal partido de la oposición. Decía nuestro Narciso, el del síndrome de la triada oscura –lo recuerdo por si alguien no cae: psicopatía, maquiavelismo y narcisismo–, que: “Yo, lo que le diría a los españoles –será a la mitad, ya que con los del otro lado del muro, especialmente con VOX, como ha vuelto a demostrar, no cuenta–, no solamente a mis votantes –y sobre todo a los que me extorsionan desde Waterloo, Cataluña o Vascongadas, a cambio de algunos votos que me permiten seguir–, es que este gobierno va a gobernar –otro eufemismo en su boca, porque lleva casi siete años sin hacerlo y a base del abuso de reales decretos–. Y que, evidentemente, hay que levantar la mirada. Este gobierno, desde hace 6 años –parece que no cuenta bien, porque el próximo 1 de junio (menos de dos meses) cumplirá 7 el desgobierno Frankenstein– a esta parte, está haciendo una transformación extraordinaria del país –la entrada masiva de inmigrantes trasportados en barcos y acercados a la costa y playas en cayucos va en esa línea de transformación, sin duda–. Si estamos creciendo cuatro veces por encima de la zona euro –un modesto 2’8 después de haber sido el último país europeo en alcanzar los niveles ‘preplandemia’, y a base de una deuda pública exponencial–, si estamos creando empleo como no se creaba nunca –fundamentalmente público y haciendo trampas con los contratos fijos discontinuos–, tenemos casi 22 millones de personas trabajando y cotizando en la Seguridad Social –dejémoslo en cotizando, sin entrar muy en detalle, visto el creciente y preocupante absentismo laboral, que aumentó un 6’7% en 2024 y supuso un coste de más de 14.000 a las empresas (no sé cuánto a las administraciones públicas, pero mucho)–, estamos reindustrializando nuestro país –¿comorrr, que diría Chiquito de la Calzada–, estamos abordando el fenómeno de la migración de una manera diferente a como hacen otros países –en eso, puedo estar más de acuerdo, como decía un poco antes, admitiendo a todo el que las mafias nos traen y queriendo transformar esa inmigración en votos cautivos a base de prebendas ruinosas–, estamos abordando causas sociales –que se lo pregunten a los damnificados del volcán de La Palma o de la última Gota Fría (DANA para seguidistas del Sistema) de Valencia–, avances en derechos –recordemos lo que dijo Gilbert K. Cherteston: «Para corromper a un individuo basta con enseñarle a llamar ‘derechos’ a los anhelos personales y ‘abusos’ a los derechos de los demás»– y libertades –sobre todo de expresión, de lo que pueden dar fe los periodistas a los que se les niega la intervención en ruedas de prensa y se les pretende expulsar de las cámaras–, la causa feminista –¿hablamos de los efectos de la ley del ‘Sólo sí es si?–, la paz en Oriente Medio –¿se referirá al reconocimiento del pseudoestado palestino y el apoyo a HAMAS?– y en Ucrania. En fin, si es que insisto, hay motivos para sentirse orgulloso de lo que está haciendo España –por eso ni nos invitan a las últimas reuniones de líderes europeos–. Lo he dicho en muchas ocasiones, España está viviendo uno de sus mejores momentos de los últimos 20 años –líderes en paro y a la cola en educación– y son datos objetivos, indiscutibles. Yo entiendo la desesperación y la frustración de la oposición, pero la democracia es así, la democracia parlamentaria funciona de esta manera, hay un congreso, con una mayoría parlamentaria, difícil, compleja sin duda alguna, que nos va a exigir a todos negociar hasta el último minuto, pero que saca adelante las cosas –por eso lleva más de cien derrotas en votaciones parlamentarias–, y por tanto vamos a seguir gobernando hasta el año 2027 –cediendo lo que haga falta, como acaba de hacer con JUNTS al regalarle el 25% de esos 14.100 millones de ayudas, que ha roto el principio de acuerdo con el PP–, y el año 2027, pues ya les digo yo, las izquierdas se volverán a presentar y volveremos a ganar –y si no, como en 2023, nos volveremos a vender– y seguiremos gobernando –que es de lo que se trata–. Y bueno, ya veremos, según lo que aparece en algunos medios conservadores, si me presento contra Feijoo o me presento contra otro líder o lideresa –no se atreverá el PP a poner a esa lideresa–. Yo siempre respetaré los debates internos que tengan los partidos políticos –como a los jueces–, a diferencia de lo que hacen otros con el partido socialista u otras organizaciones”.
Por su parte, la oposición sigue en su línea, palabras, palabras, palabras, mejor o peor dichas, pero sin acciones eficaces ni la imprescindible llamada a la sociedad civil, a la que no acaba de convencer ante este asalto permanente al Poder Judicial y la reforma a traición de la Constitución, por la puerta de atrás, que está perpetrando el socialcomunismo, apoyado por el nacionalismo de uno y otro lado, siempre enemigos de España. Alberto Núñez Feijoo celebraba en Sevilla su tercer aniversario al frente del Partido Popular y tuvo palabras muy duras para Pedro Sánchez, al que por un oído le entra y por otro le sale como demuestra en el Congreso, sonríe, pone caras, responde lo que quiere sin que tenga que ver con lo que se le pregunta y sigue a lo suyo, Falcon, tournée, nueva cesión al independentismo y venta de España a trozos. Esto decía el líder del PP, con toda la razón y un buen diagnóstico pero sin efecto alguno, me temo, como hasta ahora: “Es un nuevo despotismo: todo para Sánchez, pero sin el pueblo. Y en este régimen unipersonal, en el que sobra el Parlamento, porque sobramos todos los que no le votamos, o se somete a las Cortes o se somete a las urnas –pero no se someterá ni a una ni a las otras– pero no es posible seguir con la decadencia democrática del Estado de derecho de las libertades y de la dignidad de una nación” –verá como sí es posible, porque no tenemos ni Ejército ni quien lo mande, ni, lamentablemente, buenos políticos que hicieran bien su trabajo cuando debieron y pudieron. Y me temo que si se diera el relevo, se volverían a hacer las cosas mal y no se adivina ningún Donald Trump en el horizonte que diga, ¡España primero!
Antonio De la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión.

