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El escuchante

Artículo 144

EL ESCUCHANTE (Yo fui de escuchante a la universidad, por eso no aprobé la carrera, porque no la oí).

De vez en cuando me hago la cirugía estética, mejoro mi imagen con un método que no necesita pasar por el quirófano.

Pongo un ejemplo: tú tienes 56 años y te preguntan por tu edad y, en ese instante dices: 52. Y te has quitado de un golpe cuatro años. Y ten la seguridad que te van a decir: ¡Chico, pues no los aparentas! Ahí lo tienes. Dentro de cuatro años te los vuelves a quitar y estarás siempre como un chaval.

“Cuando el becario se come al maestro”.

Es un proceso inapelable, te lo vas a comer, solo es cuestión de tiempo.

Sabemos que no hace falta prepararse para las oposiciones porque no te va a colocar la oposición si no el partido en el poder con el dedo del aprobado.

La política no es algo que sea difícil, no hay que hacer esfuerzos sino amigos. Es fácil que el otro cónyugue también tenga un cargo público, cosa que raramente se da en otros empleos. No es habitual que la mujer del fontanero sea fontanera, ni las del cómico cómica. ¿Tiene visos de que la política es una profesión? ¿Qué requisitos se exigen para ser presidente de la comunidad de propietarios de un edificio de 126 viviendas? Un sorteo.

Hay un proceso de crecimiento que con la edad en ocasiones te asombra. Oímos y vemos menos, pero con lo que sabemos por lo anteriormente vivido nos hacemos cargo de la situación.

¡Cosas de la edad!

A los 18 años, en una cafetería del centro de Zaragoza, esperaba a un amigo cuando justo a mi lado se encontraba apoyado sobre la barra don Luis Buñuel, de manera que tras dudarlo me atreví a darle un toquecito en el hombro y preguntarle una obviedad: ¿Es usted Luis Buñuel? Se volvió presto y me dijo en voz alta y concisa: ¡Déjeme que soy sordo!

Puedo decir que rondo la carencia auditiva de don Luis, pero oigo perfectamente de fondo al subalterno, agazapado tras el burladero, gritarle al maestro la distancia que le tiene que dar al toro.

Oigo más el ambiente del campo de futbol que a sus locutores, oigo más la banda sonora de la película que a sus protagonistas que fueron doblados con menos decibelios.

Obsérvese que la publicidad, que dura ya tanto como la película, entra con más sonido del que trae la película. Es decir, que tú los anuncios los oyes perfectamente siempre, porque hay gente que se preocupa de ello, todo lo demás es falta de atención.

Últimamente no escucho bien a los mediocres, se me cortocircuitan los acúfenos.

Manolo Royo, humorista www.manolo-royo.com

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