El discurso de Pedro Sánchez ayer por la noche, reflejó algo que ya sabíamos, la absoluta improvisación con la que este Gobierno ha actuado en la crisis del coronavirus en España.
Desde que el 30 de enero se dio el primer aviso serio dentro del Ejecutivo de Sánchez, la gestión del mayor desafío que ha afrontado el país en las décadas recientes ha estado marcada por la imprevisión, cuando no la temeridad.
Un dato a destacar, en un momento dado de su alocución, Pedro Sánchez, habla de que lo que iba a pasar era conocido ya hace dos meses y que, desde entonces, el gobierno había empezado a comprar en el mercado internacional mercancía sanitaria.
Dato dudoso, dado el desabastecimiento existente a día de hoy. En Navarra aseguran que el director de atención primaria decía a sus sanitarios que, ante la falta de material, vayan a los «chinos» a comprar trajes de plástico y máscaras.
Hace dos meses, según nos contaba el Gobierno, no pensaban que, aquí en España, hubiera nada, que no había «riesgo de infectarse» y que los temores estaban «un poco fuera de lo razonable»; es más, sólo entonces se hablaba de la gripe y se veía a China, muy lejos.
Otro dato a destacar, su discurso, sin asomo de autocrítica a su nefasta gestión y apelando a la unidad, pese a que un presidente autonómico, el catalán, reniega de las directrices del Gobierno central. Por cierto, ni una critica al susodicho presidente.
Y nos queda aún lo peor y varias semanas más. ¿Cuántos tienen que infectarse y morir y hasta cuándo va a durar esto?