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La Venus de Tiziano recala en el Museo de Navarra dentro su gira por España

NAVARRAINFORMACIÓN.ES

Con motivo del bicentenario del Museo del Prado y en el marco de su proyecto expositivo conmemorativo «De gira por España», el cuadro «Venus recreándose en el Amor y la Música», pintado por Tiziano hacia 1555 se puede visitar desde el 24 de septiembre hasta el 20 de octubre en el Museo de Navarra

Con motivo de la llegada a Pamplona de la obra, que normalmente se encuentra en la exposición permanente del museo nacional, se ha elaborado una programación especial dirigida al público general y al familiar, que busca hacer partícipe a la ciudadanía de los aspectos históricos, estéticos y simbólicos de la obra y de su autor, así como de acercar la música de la época en fue realizado.

La muestra ha sido inaugurada este lunes en la sala 3.4 por la consejera de Cultura y Deporte, Rebeca Esnaola, y el director del Museo Nacional del Prado, Miguel Falomir.

El Museo del Prado cumplirá doscientos años dentro de este 2019 y para conmemorarlo ha preparado un amplio programa de actividades que se está desarrollando desde noviembre de 2018 y hasta diciembre de 2019, informa el Ejecutivo Foral.

«De gira por España» es, según apunta, el proyecto expositivo más relevante del bicentenario con el que esta institución quiere reafirmar su compromiso con las comunidades y ciudades autónomas de España.

En cuanto a la obra expuesta en el Museo de Navarra, indican que Tiziano dedicó varias pinturas a Venus y la música, ambientadas en una villa y muestran a Venus recostada ante un gran ventanal.

A sus pies un músico contempla la desnudez de la diosa, que rehúye su mirada distraída por un perrillo o, como aquí, por Cupido.

Estas obras, según explican, han generado lecturas encontradas, entre quienes defienden su carácter erótico y quienes las interpretan como alegorías de los sentidos en clave neoplatónica, con la vista y el oído como instrumentos de conocimiento de la belleza y la armonía.

Esta obra podrá ser contemplada en la sala 3.4, desde el 24 de septiembre hasta el 20 de octubre, en el horario habitual y con entrada gratuita a todo el museo.

Dentro de la programación diseñada especialmente para ocasión figuran dos conferencia, una el miércoles 25 de Berta Moreno, profesora de Historia de la Música, sobre «Música veneciana para deleitar a una diosa» y otra el 9 de octubre a cargo del doctor en Historia del Arte, Emilio Quintanilla, quien disertará sobre «La Venus de Tiziano. Del gabinete del rey al Museo de Navarra».

También se han previsto visitas guiadas el 28 de septiembre y el 5, 12 y 19 de octubre, con un aforo limitado a 45 personas mediante invitación, y talleres en familia para niños y niñas a partir de 5 años los días 28 de septiembre, 5 de octubre y 19 de octubre.

La música estará presente con «De concierto con Tiziano», una propuesta de música para órgano que interpretará el 29 de septiembre José Luis Echechipia en cinco sesiones de unos quince o veinte minutos a partir de las 11:30 horas.

El proyecto expositivo itinerante «De gira por España conmemorativo del bicentenario se inició el pasado 26 de noviembre de 2018 y culminará el 8 de diciembre de este año.

En total doce obras maestras de la colección permanente del Museo del Prado se prestan a 18 museos de las Comunidades Autónomas (todas menos Madrid) y de las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla. Los autores de los cuadros cedidos son Velázquez, Rubens, Tiziano, Goya, El Greco, Murillo, Zurbarán, Sorolla, Poussin y La Tour.

La obra: “Venus recreándose en el Amor y la Música”

Hacia 1555. Óleo sobre lienzo, 150,2 x 218,2 cm.

Cinco pinturas de Tiziano están dedicadas a Venus y la música. Esas cinco variaciones sobre una misma idea no se realizaron para un cliente único ni fueron concebidas para exhibirse conjuntamente. Ambientadas en una villa, muestran a Venus recostada ante un gran ventanal. A sus pies, un organista -versiones del Museo del Prado y del Staatliche Mussen de Berlín- o un tañedor de laúd -Metropolitan Museum de Nueva York y Fitzwilliam Museum de Cambridge-, toca su instrumento mientras contempla la desnudez de la diosa, que rehúye su mirada, distraída por la presencia de un perro o de Cupido. Por su tipología, estas pinturas constituyen la última etapa en el desarrollo de un subgénero de Tiziano: el del desnudo tumbado femenino, iniciado con la Venus dormida (Dresde, Gemäldegalerie) y continuado en la Venus de Urbino (Florencia, Galleria degli Uffizi). El artista retomaba el tema de la reunión de músicos y mujeres desnudas en un espacio abierto, abordado ya al inicio de su carrera en el Concierto campestre (París, Musée du Louvre).

Las pinturas de Venus y la música han sido objeto de interpretaciones diversas. Si para algunos historiadores son obras manifiestamente eróticas carentes de un significado más profundo, otros les otorgan un alto valor simbólico, interpretándolas como alegorías de los sentidos desde una perspectiva neoplatónica, entendiendo la vista y el oído como instrumentos de conocimiento de la belleza y la armonía, tal como los definiera Mario Equicola en su Libro di natura d`amore (Venecia, 1526). Es inadecuado otorgar a todas las versiones idéntico significado sin tener en cuenta la lógica comercial y las circunstancias particulares de cada una de ellas. La primera versión sería una de las dos conservadas en el Museo del Prado, la única en la que se individualizan los rostros de ambos personajes, mientras en las restantes, Venus presenta unos rasgos estereotipados presentes en otras figuras femeninas de Tiziano. En esa primera versión la mujer exhibe el anillo matrimonial en la mano derecha y carece de elementos iconográficos que la identifiquen con Venus, siendo la única a la que no acompaña Cupido. Las figuras que pueblan el jardín -excepcional en Tiziano y probable metáfora del matrimonio bien avenido, tendrían en este contexto un significado relacionado con la unión conyugal: el perro aludiría a la felicidad, el asno al amor eterno y el pavo a la fecundidad.

Para Venus recreándose en el Amor y la Música Tiziano se basó en la versión anterior, cuya composición fue trasladada al lienzo silueteando tanto las figuras principales como los elementos ambientales: órgano, cortinaje, arboleda, fuente, animales y la pareja que pasea por el jardín, pero incluyendo pequeñas modificaciones destinadas a despersonalizar la composición original y otorgarle mayor proyección comercial. El cambio más importante fue la sustitución del perro por Cupido, que identifica a la mujer con Venus, lo que obligó a modificar la parte superior del cuerpo de la diosa y la posición de su cabeza y mano izquierda. De menor alcance fueron los cambios en el músico -limitados al rostro-, el paisaje y la disposición de los pliegues del cortinaje y la manta de terciopelo sobre la que yace Venus.

El cuadro de Venus recreándose en el Amor y la Música aparece citado por primera vez en 1626, cuando Cassiano del Pozzo lo contempló en el cuarto bajo de verano del Alcázar de Madrid. Procedente de la colección real, ingresó en el Museo del Prado en 1838.

(Texto extractado de Falomir, M. en: El Prado en el Ermitage, Museo Nacional del Prado, 2011, pp. 76-77).

El autor: Tiziano, Vecellio di Gregorio

Pieve di Cadore, Belluno, Véneto, ca. 1490 – Venecia, 1576

Tiziano nació en el seno de una importante familia de Cadore. Hacia 1500-1502 llegó a Venecia, donde formó parte del taller de Gentile Bellini, aunque después entró en el de su hermano Giovanni. En torno a 1507, sin embargo, se asoció con Giorgione y juntos decoraron las fachadas del Fondaco dei Tedeschi, almacén de los comerciantes alemanes en Venecia; apenas se conserva algo de los frescos originales. En 1511, y tras la muerte de su colega un año antes, trabajó en la Escuela de San Antonio de Padua pintando los frescos que representaban ciertos milagros atribuidos al santo.

En 1513 rechazó la invitación de Pietro Bembo para instalarse en Roma y prefirió prestar sus servicios al gobierno… veneciano; de hecho, tras la muerte de Giovanni Bellini en 1516, acaparó todos los encargos públicos de envergadura. Ese año pintó El tributo de la moneda (Dresde, Staatliche Kunstsammlungen, Gemäldegalerie Alte Meister) para el duque de Ferrara, Alfonso I d’Este, quien años después le encargaría varias obras para el estudio que tenía en su residencia de Ferrara: Baco y Ariadna (Londres, The National Gallery), La bacanal de los andrios y Ofrenda a Venus (ambas en el Prado). En 1518 entregó La Asunción de la Virgen para el altar mayor de la iglesia veneciana de Santa María Gloriosa dei Frari y comenzó la Pala Pesaro para decorar el altar de la capilla de esa familia en la misma iglesia. Ambas obras, junto con El martirio de san Pedro Mártir, pintado en 1526 para un retablo de la iglesia de Santi Giovanni e Paolo y conocido sólo por copias, constituyen su esencial aportación a la renovación del género del cuadro de altar.

Poco después comenzó a trabajar para Federico II Gonzaga, marqués de Mantua, quien a su vez le presentó al emperador Carlos V. Es probable que retratara a este último hacia 1530 en ocasión de su coronación en Bolonia y volvería a hacerlo tres años después, inaugurando así una relación que lo ligó con la casa de Austria durante más de cuarenta años, pues sus pinturas se adecuaron perfectamente a las necesidades políticas, cortesanas, devocionales o meramente artísticas de ciertos miembros de la familia y algunos de sus cortesanos más allegados. En 1533 fue nombrado Conde Palatino y Caballero de la Espuela de Oro por Carlos V, pero rechazó en varias ocasiones las invitaciones para establecerse en la corte hispánica. Pintó varios retratos del emperador y de su hijo Felipe II, creando el prototipo de retrato de aparato que tanto cundió después.

Además, ejecutó pinturas religiosas como “La gloria” y “El entierro de Cristo” (Prado) y distintas versiones del Ecce Homo y La Dolorosa, y pinturas mitológicas como “Dánae” y “Venus y Adonis” (Prado) para Felipe II y las Furias para su tía María de Hungría.
A su vez, siguió recibiendo encargos de mecenas italianos como el duque Guidobaldo II della Rovere, para quien pintó la “Venus de Urbino” (Florencia, Galleria degli Uffizi), y españoles como Alfonso de Ávalos, marqués del Vasto, a quien retrató (Prado).
También fue auspiciado por pontífices como Pablo III (Nápoles, Museo Nazionale di Capodimonte) e instituciones religiosas como la iglesia de Santa María delle Grazie de Milán, para la que pintó “La coronación de espinas” (París, Musée du Louvre). Tras una longeva existencia, murió el 27 de agosto de 1576 mientras la peste asolaba Venecia.

(Riello, J. en: Del Greco a Goya. Obras maestras del Museo del Prado, Museo de Arte de Ponce, 2012, pp. 92-93).

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