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José Luis Rodríguez “Traicionero” y la “102.2 razón” para imputarlo (3ª parte)

Terminaba la segunda parte de esta miniserie con unas preguntas al Sr. Rodríguez de las que no espero respuesta, al menos por su parte, pero ahí quedan: ¿Quién fue el verdadero cerebro del atentado de las Estaciones de Atocha y cercanías? ¿Le debe usted algo a Marruecos y a otros?

Y la termino hoy con el tercer capítulo, aunque sólo la síntesis de su nefasto paso al frente del desgobierno, de más de siete años, daría para un largo libro y creo que no exagero si digo que habría que ser muy misericordioso para encontrar en ese periodo -y después, en sus derivadas- algo positivo para España, ya sea interiormente como en política exterior. Este es el final de mi reflexión de Marzo de 2011, con la misma dinámica, algún comentario añadido en cursiva y unas conclusiones:

<<Este segundo periodo del PSOE (los siete años y medio za-patéticos), que hace bueno el primero (los más de trece del clan de la tortilla), estuvo basado en esa política de igualar por abajo, modificó la LOGSE, ya bastante deficiente, por la LOE, mucho peor si cabe (Educación para la Ciudadanía) y comenzó desde el primer día el proyecto de “Ingeniería Social” (¿por qué cuándo quieren disfrazar alguna barbaridad del área que sea recurren  a precederla de la palabra Ingeniería -social, financiera, jurídica, etc.-?), consistente en la deconstrucción del país -según el DRAE, “Deconstruir” es “Deshacer analíticamente los elementos que constituyen una estructura conceptual”– y de eso se trataba, de destruir conceptos creando otros para “construir” un país nuevo, distinto en sus raíces e ideología, acabando con los fundamentos más elementales. Se empezó por atacar al individuo y a la familia como células básicas de la sociedad, siguiendo por los principios y valores básicos de comportamiento, respeto, libertad de expresión (sólo justificada para lo que ellos dicen, claro), etc., es decir, atacando a la Educación y a la Conciencia, (en esa línea relativista del materialismo que impera hoy en gran parte del mundo occidental).

Oímos cosas como que “nación es un concepto discutido y discutible”, calificar a terroristas como “hombres de paz”, que “un embrión -humano- es un ser vivo pero no un ser humano”, que ”la relación hombre-mujer se presenta como necesariamente conflictiva”, que “el buenismo debe ser la  norma de comportamiento prioritaria”, etc. En definitiva se trataba de imponer el pensamiento “Alicia en el país de las Maravillas”, la Ideología de Género, eliminar términos de expresión hasta entonces “normales” y sustituirlos por otros ambiguos -niños por infancia, parados por demandantes de empleo, etc.-, es decir ganar la batalla de las palabras para acabar ganando la guerra de las ideas.

Algunos, cuando se aprobó la nueva Ley del Aborto 2/2010, “de interrupción voluntaria del embarazo”, se dijo que era una cortina de humo para desviar la atención de otras cosas, pero no, se trataba realmente de una actuación del Estado en ese papel de “liberador de conciencias” que decíamos, para legalizar “hechos consumados” dándole apariencia de normalidad amparada por la Ley, es decir aliviar la conciencia de muchos (y seguir avanzando en el concepto de propiedad sobre el cuerpo que impone el materialismo).

Conceptos que pueden ser verdades parciales -“¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces, si dices la otra mitad” (atribuida a Antonio Machado), pero que van calando en el acervo del pueblo, creando doctrina, y algunos de difícil marcha atrás hoy.

Todo, como decía, basado en un relativismo materialista como táctica diabólica para convertir lo malo en bueno y hacer que todo sea según convenga al individuo. El Gobierno alardea de “conceder deseos”, pero una cosa es el deseo y otra tener derecho, porque el derecho es fuerza. Por eso se trata de suplantar la moral por el derecho y si lo dice una ley, “conciencia” tranquila.

Después, ZP negó la crisis y, en lugar de preparar al país para la que se venía encima, mintió descaradamente en su campaña electoral de 2008, llevó a cabo una nefasta política antiterrorista negociando sin reparos con ETA -lo venía haciendo desde antes de su llegada a La Moncloa (como ahora se ha visto)-, pese a los atentados con dos muertos en el aparcamiento de la T-4 de Barajas en Diciembre de 2006, ignorando sus promesas en sentido contrario y, con todo, incomprensiblemente y pese a haber despertado “las dos Españas” -del citado Machado– con su sectaria Ley de Memoria Histórica -o quizás por eso-, en su obsesión enfermiza de “ganar” -setenta años después- la guerra que perdió el frente popular contra Franco en 1939, una mayoría de españoles le vuelve a otorgar su confianza, lo que unido a su falta de escrúpulos aliándose si es necesario y sin condiciones con el diablo para mantenerse en el poder, consigue de nuevo la Presidencia del Gobierno cuatro años más.

ZParo, el GRAN LIBERTADOR del pueblo español, como le gustaba sentirse, congeló las pensiones, rebajó sueldos a funcionarios, suprimió el subsidio a parados de larga duración y el cheque-bebé, y llevó la cifra de parados a casi seis millones pese a que su ministro de Trabajo -2008/10-, Celestino Corbacho (hoy en Ciudadanos), dijo sin despeinarse aquello de “jamás llegaremos a cuatro millones de parados”, pero se le perdona todo (porque la izquierda domina los medios de comunicación y, como decía en la segunda parte, también los sindicatos). Pero el pueblo español, como en 2004 por la manipulación del atentado, se dejó engañar en 2008 por ZP y sus compinches, con las mentiras de Pedro Solbes en aquel debate con Manuel Pizarro, falseando la situación económica real.

 

Así se llegó a la desastrosa situación que heredó Mariano Rajoy en 2011, con la mayor tasa de paro de Europa; el doble de desempleo juvenil que la media europea; en la cola de todas las valoraciones del nivel de enseñanza; ninguneados por los países fuertes y amigos -de conveniencia para ellos- e incluso por las dictaduras de los países más subdesarrollados; mendigando una silla en el G-20, cuando España estuvo en la última etapa de José Mª Aznar con la puerta abierta al G-8; con la mayor deuda pública hasta ese momento, cuando Rodríguez se encontró el mayor superávit de la etapa democrática y tantas otras cosas que harían interminable el recuento.

Y si los españoles no lo remediamos pronto (decía entonces), ya sea con un cambio en el resultado electoral o, lo que sería más puro, con una REBELIÓN CÍVICA que ponga a los políticos en su sitio, para que sean conscientes de que su poder emana del PUEBLO SOBERANO, lo que hoy parece que han olvidado absolutamente, el futuro que nos espera es desalentador, con unas leyes tan intervencionistas como las aprobadas por el ejecutivo socialista, Aborto, matrimonio homosexual, Educación para la Ciudadanía, Memoria Histórica, o las que se avecinan como la de Cuidados Paliativos (eutanasia encubierta) o Igualdad de trato, todo ello en un intento de cambiar la moral por el derecho. En definitiva, esos polvos que hemos visto en un resumen rápido del despropósito de los siete años (y medio, añado ahora), dejaron estos lodos (que no fueron debidamente limpiados en la segunda etapa del PP aunque los votantes lo intentamos con esas importantes mayorías absolutas de 2011, pero ese es otro asunto que no corresponde tratar aquí y sobre el que he publicado no pocos artículos entre 2012 y 2018, añado también ahora). Salvando las distancias, podemos simplificar diciendo que el ”fenómeno ZP”, en política, se puede comparar al “fenómeno Torrente” en la sociedad en general, sin ánimo de molestar a este último, ya que ambos -con sus matices- son consecuencia de lo mismo, la degradación moral y cultural de la sociedad causadas en buena parte por la perversión del sistema.>>

Así terminaba mi reflexión sobre la triste etapa de ese “hijo de… Rodrigo”, del que deriva el apellido del posiblemente más rastrero -así titulé un artículo en Julio de 2017- de los Rodríguez de la Historia de España, que decía a su mujer en la intimidad aquello de “Para ser presidente del gobierno sólo es necesario ser español y mayor de edad”, un desastroso “gobernante” del que hemos tenido constancia de su falta de escrúpulos en los últimos años, como asesor del dictador comunista bolivariano, Nicolás Maduro, y hace pocos días, tras la detención del asesino Josu Ternera y el levantamiento del secreto del sumario de esa investigación por la Audiencia Nacional, de la confirmación de sus negociaciones con ETA, en cuyas actas se recogen los acuerdos de la época con la banda terrorista tales como anexionar Navarra a Vascongadas, legalizar Batasuna, no detener a etarras y liberar a Iñaki de Juana Chaos o derogar la Doctrina Parot, entre otros “compromisos” de alguien que sólo merecería el nombre de “traidor” y, como vengo diciendo desde hace años y repito en esta serie de reflexiones, ser objeto de estudiar en su persona la posible aplicación del Artículo 102.1: “La responsabilidad criminal del Presidente y los demás miembros del Gobierno…” y 102.2 de la Constitución Española de 1978, que repito de nuevo: “Si la acusación fuese por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado -creo que podrían ser válidos ambos supuestos- en el ejercicio de sus funciones…”.

Terminaba entonces y lo hago de nuevo ahora, con una bonita frase de Julián Marías: “España está entre nosotros” y, añado, ahora hace falta que seamos capaces de demostrarlo. Por ello, desde el profundo significado de esa frase, apelo al buen hacer de los políticos que tienen en su mano paliar en parte el desastroso resultado de las últimas elecciones generales, anteponiendo el bien de España a sus egos, orgullo, ambiciones, intereses o deseos de venganza personal, con unas políticas acertadas de pactos en aquellos municipios y autonomías en los que las sumas de los llamados partidos constitucionalistas de “las tres derechas” lo permiten, para no dejar su destino en manos del peor clon del nefasto presidente cuyos desmanes he reflejado estos días.

Y concluyo esta serie de tres reflexiones, con una última pregunta: ¿Tiene usted conciencia, Sr. Rodríguez?

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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