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Un conflicto en suspenso pero de difícil solución

Marina Villén

Teherán, 21 may (EFE).- Aunque las amenazas de Estados Unidos han subido de tono y se han producido incidentes en Oriente Medio de peligrosas consecuencias, el conflicto con Irán se mantiene por ahora en suspenso, pero también sin evidentes vías de solución.

La intención de Washington es tensar al máximo la cuerda para que Teherán acabe claudicando y aceptando unas negociaciones, una estrategia que se perfila errónea ya que las autoridades iraníes no están dispuestas a dialogar con una pistola en la cabeza ni se fían de que EEUU respete ningún compromiso.

«Ni guerra ni negociaciones», subrayó la semana pasada el líder supremo iraní, Ali Jameneí, y esta frase se ha convertido en el mantra de todos los políticos y militares iraníes, pese a que el presidente estadounidense, Donald Trump, insistió en que está abierto a un diálogo y que en caso de conflicto sería «el fin oficial» de Irán.

Teherán no puede negociar en las actuales circunstancias, necesitaría llegar fuerte a la mesa y, en esta línea, el presidente iraní, Hasan Rohaní, aseguró el lunes que «no es el momento de la negociación sino de la resistencia» frente a EEUU.

EEUU impuso sanciones a Irán tras retirarse unilateralmente el año pasado del acuerdo nuclear firmado en 2015 entre Teherán y seis grandes potencias y decidió recientemente desplegar en el golfo Pérsico el buque de asalto anfibio USS Arlington, misiles Patriot, el portaaviones USS Abraham Lincoln y bombarderos.

En opinión del analista iraní Mohamadreza Moradí, experto en seguridad en Oriente Medio, los planes de Washington pretendían hacer creer a la comunidad internacional que la guerra era «inevitable», pero «la fiebre ahora se ha calmado».

«Trump ya anunció que no quería volver a gastar miles de millones de dólares en conflictos en Oriente Medio sin obtener resultado, por lo que es totalmente ilógico que quiera llevar a EEUU a otra guerra que sería muy costosa», explicó a Efe el experto.

Del lado iraní, la estrategia se basa en que «hasta que no ataquen a Irán o a sus aliados no habrá ninguna reacción», según Moradí, quien descartó que Teherán esté detrás «de modo directo o indirecto» de los últimos sabotajes y ataques en Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí.

Cuatro petroleros resultaron dañados este mes en un sabotaje a un puerto emiratí y un oleoducto saudí fue atacado con drones, unos sucesos de los que Irán se ha desmarcado pero de los que le responsabilizan indirectamente algunos países.

Riad acusó a Irán de haber ordenado el ataque con drones a los rebeldes hutíes del Yemen, mientras que EEUU consideró que el disparo de un proyectil hace dos días contra la Zona Verde de Bagdad es obra de milicias chiíes aliadas de Teherán.

De hecho, el pasado miércoles, aduciendo supuestos indicios de amenaza iraní que no ha desvelado, EEUU ordenó evacuar al personal no esencial de su embajada en Bagdad.

Estos incidentes pueden tener «consecuencias muy serias y funcionar como una chispa en un almacén de pólvora, por lo que Irán no haría semejantes actos», insistió el analista iraní.

Desde la organización internacional Crisis Group advirtieron en un reciente informe de que «todos los ingredientes para una escalada están presentes esté o no Teherán directa o indirectamente detrás de los ataques y esté o no Washington inventando acusaciones».

«Incluso suponiendo que ninguna de las partes busque la guerra, la creciente fricción significa que las intenciones pueden no ser suficientes para evitarla», según Crisis Group, que alertó de las «consecuencias desastrosas» de un conflicto tanto para los países de la región como para la economía mundial.

El golfo Pérsico es estratégico ya que por esa zona cruza un 30 por ciento del petróleo mundial y, en concreto, Irán ha amenazado con bloquear el estrecho de Ormuz, si EEUU le impide seguir exportando su crudo.

Además, en esta región están presentes tanto las tropas estadounidenses del CENTCOM como los Guardianes de la Revolución de Irán, designados recíprocamente como grupos terroristas.

Por todo ello, cobró gran relevancia el viaje de la semana pasada del jefe de la diplomacia iraní, Mohamad Yavad Zarif, a China, Japón e India, principales clientes del crudo iraní que han visto como las exenciones otorgadas por EEUU a estas importaciones llegaban a su fin.

Zarif tenía el objetivo de revisar las vías existentes o nuevas para seguir vendiendo petróleo y urgirles a tomar medidas ante el fracaso de Europa al respecto, que no quiere un conflicto pero ha sido incapaz de contrarrestar las sanciones estadounidenses.

Conforme al analista Moradí, «Irán no busca conseguir aliados ante una guerra», pero sí alertarles de que «serán los mayores perdedores a nivel económico».

Un peligro que puede llevar a estos países y a otros a presionar a Washington para que rebaje la tensión con Teherán ya que, exceptuando a algunos de los acérrimos enemigos de Irán como Israel, este conflicto no le interesa a nadie. EFE

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